“Que Dios nos libre de la visión única y del sueño de Newton”. William Blake
(de un poema incluido en una carta a Thomas Butts (1802))
Soy una cuentacuentos y me gustaría contarles algunas historias personales sobre lo que me gusta llamar “el peligro de una historia única”. Crecí en un campus universitario al este de Nigeria. Mi madre dice que comencé a leer a los dos años, pero decir que a los cuatro sería más apegado a la verdad. Así que fui una lectora precoz y lo que leía eran libros infantiles ingleses y americanos.
También fui una escritora precoz. Y cuando comencé a escribir, alrededor de los siete años, cuentos a lápiz con ilustraciones pintadas con crayones que mi pobre madre estaba obligada a leer, escribía exactamente el mismo tipo de historias que aquellas que leía. Todos mis personajes eran blancos y de ojos azules. Jugaban en la nieve, comían manzanas y hablaban mucho sobre el clima, y se congratulaban que hubiera salido el sol. Eso a pesar del hecho que yo vivía en Nigeria. Nunca había salido de Nigeria. No teníamos nieve, comíamos mangos y nunca hablábamos sobre el clima porque no era necesario.
Mis personajes también bebían mucha cerveza de jengibre porque los personajes de los libros ingleses que leía bebían cerveza de jengibre. No importaba que yo no supiera qué era la cerveza de jengibre. Y a lo largo de muchos años sentí un deseo desesperado por probarla. Pero esta es otra historia.
Creo que esto demuestra qué tan influenciables y vulnerables somos ante una historia, particularmente de niños. Porque yo sólo había leído libros en los cuales los personajes eran extranjeros, y me había convencido de que los libros, por su propia naturaleza, debían de tener extranjeros y tenían que narrar cosas con las que yo no podía identificarme personalmente. Pero las cosas cambiaron cuando descubrí los libros africanos. No había muchos disponibles y no era tan fácil conseguirlos como los libros extranjeros.
Sin embargo, gracias a autores como Chinua Achebe y Camara Laye, sufrí un cambio de mentalidad en mi perspectiva sobre la literatura. Me di cuenta de que personas como yo, niñas con la piel de chocolate, cuyo cabello rizado no se podía amarrar en colas de caballo, podían también existir en la literatura. Comencé a escribir sobre cosas que reconocía.
Es cierto que yo amaba esos libros americanos e ingleses que leía. Avivaron mi imaginación; me abrieron nuevos mundos. Pero la consecuencia involuntaria fue desconocer que personas como yo podían existir en la literatura. Entonces, el efecto que tuvo en mi el descubrimiento de los escritores africanos fue este: me salvó de tener una historia única sobre lo que son los libros.
Provengo de una familia nigeriana convencional de clase media: mi padre era profesor, mi madre administradora. Y así teníamos, como era lo normal, personal doméstico que venía de pueblos rurales cercanos. Cuando cumplí ocho años llegó un nuevo chico como criado. Su nombre era Fide. Lo único que mi madre nos contó sobre él es que su familia era muy pobre. Mi madre le mandaba a su familia ñames y arroz y nuestra ropa vieja. Cuando no me acababa mi cena, mi madre solía decir: “¡Acábate tu comida! ¿No sabes? ¡Personas como la familia de Fide no tienen nada!” Así que yo sentía una gran lástima por la familia de Fide.
Entonces un sábado, fuimos a su pueblo de visita y su madre nos mostró una bella cesta decorada de rafia teñida, hecha por su hermano. Estaba sorprendida. No se me había ocurrido que alguien de su familia siquiera pudiera hacer algo. Todo lo que había escuchado sobre ellos era lo pobres que eran, así que se había vuelto imposible para mí verlos como algo más que pobres. Su pobreza era mi historia única sobre ellos.
Años después pensé sobre esto cuando dejé Nigeria para ir a la universidad en Estados Unidos. Tenía diecinueve años. Mi compañera de cuarto estadounidense quedó impresionada al conocerme. Me preguntó dónde había aprendido a hablar el inglés tan bien y quedó confundida cuando le dije que el idioma oficial de Nigeria era el inglés. Preguntó si podría escuchar lo que ella llamó mi “música tribal” y, en consecuencia, fue una gran decepción para ella cuando le mostré mi cinta de Mariah Carey. También supuso que yo no sabría utilizar una estufa.
Lo que me desconcertó fue eso: había sentido lástima por mí incluso antes de verme. Su posición por omisión ante mí, como africana, se reducía a una suerte de lástima condescendiente. Mi compañera de habitación tenía una historia única sobre África. Una historia única de catástrofe. En esta historia única no cabía la posibilidad de que los africanos fueran parecidos a ella en alguna forma. Ninguna posibilidad de sentimientos más complejos que la lástima. Ninguna posibilidad de conexión como seres humanos iguales.
Debo admitir que antes de ir a Estados Unidos, no me identificaba conscientemente como africana. Sin embargo en los Estados Unidos, cada vez que se mencionaba África, la gente se dirigía a mí. No importaba que yo no supiera nada sobre lugares como Namibia. Sin embargo llegué a adoptar esta nueva identidad. Y de muchas maneras ahora pienso en mí como africana. Aunque aún me molesta bastante cuando se refieren a África como a un país. El ejemplo más reciente fue en mi vuelo hace dos días, maravilloso por lo demás, desde Lagos, donde hicieron un anuncio durante el vuelo de Virgin sobre el trabajo de caridad realizado en “India, África y otros países”.
“Aún me molesta bastante cuando se refieren a África como a un país.”
Así que, después de vivir unos años en Estados Unidos como africana, empecé a entender la reacción de mi compañera de cuarto frente a mí. Si yo no hubiera crecido en Nigeria y si todo lo que supiera sobre África procediera de las imágenes populares, yo también pensaría que África es un lugar de hermosos paisajes, hermosos animales y personas incomprensibles, que libran guerras sin sentido, que mueren de pobreza y de SIDA, incapaces de hablar por sí mismos, y esperando ser salvados por un extranjero blanco y gentil. Vería a los africanos de la misma manera que yo, como niña, veía a la familia de Fide.
Creo que esta historia única sobre África procede ultimadamente de la literatura occidental. Esta es una cita tomada de los escritos de un comerciante londinense llamado John Locke quien zarpó para África occidental en 1561 y escribió un fascinante relato sobre su viaje. Después de referirse a los negros africanos como “bestias que no tienen casas”, escribe: “son también personas sin cabezas y tienen la boca y los ojos en sus pechos”.
Ahora bien, me río cada vez que leo esto. Una no puede dejar de admirar la imaginación de John Locke. Sin embargo, lo importante de sus escritos es que representa el comienzo de una tradición en la narración de historias africanas en occidente. Una tradición donde África subsahariana es un lugar de negativos, de diferencia, de oscuridad, de gente que, en las palabras del maravillosos poeta Rudyard Kipling, es “mitad demonio, mitad niño”.
De esta manera empecé a entender que mi compañera de cuarto estadounidense debió de haber visto y escuchado, a lo largo de toda su vida, diferentes versiones de esta historia única, al igual que un profesor, quien una vez me dijo que mi novela no era “auténticamente africana”. Yo estaba dispuesta a reconocer que había varios defectos en la novela, que había fallado en algunas partes. Pero para nada me había imaginado que la novela había fallado en lograr algo llamado “autenticidad africana”. ¡De hecho, yo no sabía qué era la autenticidad africana! El profesor me dijo que mis personajes eran demasiado parecidos a él, un hombre educado y de clase media; que mis personajes conducían vehículos; no se morían de hambre. Por lo tanto, no eran auténticamente africanos.
Pero debo enseguida añadir que yo también soy igualmente culpable en este asunto de la historia única. Hace unos años visité México desde Estados Unidos. El clima político de los Estados Unidos era entonces tenso. Había debates sobre la inmigración y, como suele suceder en América, inmigración se volvió un sinónimo de mexicanos. Había incontables historias sobre mexicanos como personas que saqueaban el sistema de salud, que se escabullían a través de la frontera, que eran arrestados en la frontera, y cosas así.
Recuerdo paseándome en mi primer día en Guadalajara, mirando a la gente ir al trabajo, amasando tortillas en el mercado, fumando, riendo. Recuerdo que primero me sentí un poco sorprendida y después me embargó la vergüenza. Me di cuenta de que había estado tan sumergida en la cobertura mediática sobre los mexicanos que se habían convertido en una sola cosa en mí mente, el inmigrante abyecto. Había creído en la historia única sobre los mexicanos y no podía estar más avergonzada de mí misma. Así es cómo se crea la historia única, mostrar un pueblo como una misma cosa, como una sola cosa, una y otra vez, hasta que efectivamente se convierte en eso.
Es imposible hablar sobre la historia única sin hablar del poder. Hay una palabra, una palabra en igbo, que recuerdo cada vez que pienso en las estructuras mundiales del poder y es nkali. Es un sustantivo que se traduce como “ser más grande que otro”. Al igual que nuestros mundos económicos y políticos, las historias también se definen bajo el principio de nkali. Cómo se cuentan, quién las cuenta, cuándo se cuentan, cuántas historias se cuentan, depende realmente del poder.
El poder es una capacidad no sólo de contar la historia de otra persona, sino de hacer que esa sea la historia definitiva de esa persona. El poeta palestino Mourid Barghouti escribe que, si se quiere despojar a un pueblo, la forma más simple de hacerlo es contar su historia comenzando con “en segundo lugar”. Inicien la historia de los pueblos nativos americanos con las flechas y no con la llegada de los ingleses, y obtendrán una historia completamente diferente. Comiencen la historia con el fracaso de los estados africanos y no con la creación colonial de los estados africanos, y obtendrán una historia completamente diferente.
Hace poco di una conferencia en una universidad donde un estudiante me dijo que era realmente una pena que los hombres nigerianos fueran unos abusadores como el personaje del padre en mi novela. Le dije que acababa de leer una novela llamada American Psycho y que era verdaderamente una pena que los jóvenes estadounidenses fueran asesinos seriales. Bueno…, evidentemente estaba algo molesta cuando dije eso.
Jamás se me habría ocurrido pensar que sólo por haber leído una novela donde un personaje fuera un asesino serial, que éste de alguna forma se volviera representativo de todos los estadounidenses. Ahora bien, eso no es porque yo sea una mejor persona que ese estudiante, sino que, debido al poder cultural y económico de los Estados Unidos, yo tenía muchas historias sobre América. He leído a Tyler y Updike, a Steinbeck y Gaitskill. No tenía una historia única sobre América.
Hace algunos años, cuando supe que se esperaba que los escritores hubieran tenido infancias realmente infelices para ser exitosos, comencé a pensar sobre cómo podría inventar un sin fin de cosas horribles que mis padres me hubieran hecho. Aunque la verdad es que tuve una infancia muy feliz, llena de risas y amor, en una familia muy unida.
Pero también tuve abuelos que murieron en campos de refugiados. Mi primo Polle murió por falta de atención médica. Una de mis amigas más cercanas, Okoloma, murió en un accidente aéreo porque nuestros camiones de bomberos no tenían agua. Crecí bajo regímenes militares represivos, que daban muy poco valor a la educación, por lo que mis padres a veces no recibían sus sueldos. Así que de niña, vi la jalea desaparecer de la mesa del desayuno; luego desapareció la margarina, después el pan se volvió demasiado caro, luego se racionó la leche. Y, sobre todo, una suerte de miedo político generalizado invadió nuestras vidas.
Todas estas historias me hacen ser quien soy pero insistir sólo en estas historias negativas, sería simplificar mi experiencia y omitir muchas otras historias que me formaron. La historia única crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen que una historia se convierta en una historia única.
Por supuesto, África es un continente lleno de catástrofes; algunas de ellas inmensas, como las terribles violaciones en Congo y otras deprimentes como el hecho de que 5,000 candidatos apliquen por un puesto laboral vacante en Nigeria. Pero hay otras historias que no son sobre catástrofes y es muy importante, es igualmente importante, hablar de ellas.
Siempre he sentido que es imposible compenetrarse adecuadamente con un lugar o una persona sin entender todas las historias de ese lugar o esa persona. La consecuencia de la historia única es esta: roba la dignidad de la gente. Dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana. Enfatiza nuestras diferencias en lugar de nuestras similitudes.
Así, ¿qué hubiera sido si antes de mi viaje a México hubiese seguido los dos polos del debate sobre inmigración, el de Estados Unidos y el de México? ¿Qué si mi madre nos hubiera dicho que la familia de Fide era pobre sí, pero muy trabajadora? ¿Qué pasaría si tuviéramos una cadena de televisión africana que transmitiera diversas historias africanas en todo el mundo? Lo que el escritor nigeriano Chinua Achebe llama un “equilibrio de historias”.
Y ¿qué si mi compañera de cuarto hubiera sabido de mi editor nigeriano, Mukta Bakaray, un hombre extraordinario, que dejó su trabajo en un banco para seguir su sueño y fundar una casa editorial? Ahora bien, la sabiduría convencional era que los nigerianos no leen literatura. Él no estaba de acuerdo. Pensaba que la gente que podía leer leería, si la literatura estaba disponible y era asequible.
Poco después de haber publicado mi primera novela fui a una estación de televisión en Lagos para una entrevista. Una mujer que trabajaba allí como mensajera se acercó y me dijo: “Realmente me gustó tu novela, pero no me gustó el final. Ahora tienes que escribir lo que sigue y esto es lo que pasará …”. Y siguió contándome qué debería de escribir en la secuela. No sólo estaba yo encantada, sino muy conmovida. Estaba frente a una mujer perteneciente a las masas ordinarias de nigerianos, que se suponía no eran lectores. No sólo había leído el libro, sino que se había adueñado de él y se sentía con derecho a contarme qué debería de escribir en la secuela.
¿Y qué pasaría si mi compañera de cuarto hubiera conocido a mi amiga Fumi Onda, una mujer osada, conductora de un programa de televisión en Lagos, determinada a contarnos las historias que nosotras preferimos olvidar? ¿Y si mi compañera de cuarto hubiera sabido sobre la cirugía de corazón realizada en un hospital de Lagos la semana pasada? ¿Qué, si mi compañera de cuarto conociera la música contemporánea de Nigeria? Gente talentosa que canta en inglés y pidgin, en igbo, yoruba e ijo, mezclando influencias desde Jay-Z hasta Fela, desde Bob Marley hasta sus abuelos. ¿Y si mi compañera de cuarto supiera de la abogada que recientemente fue a la corte en Nigeria para desafiar una ley ridícula que requería que las mujeres tuvieran la aprobación de sus maridos para poder renovar sus pasaportes? ¿Y qué tal si mi compañera de cuarto conociera a Nollywood, lleno de gente innovadora, haciendo películas a pesar de grandes limitaciones técnicas? Películas tan populares que son realmente el mejor ejemplo de que los nigerianos consumen lo que producen. ¿Y si mi compañera de cuarto conociera mi maravillosa y ambiciosa trenzadora de cabello quien acaba de iniciar su propio negocio de venta de extensiones para pelo? ¿O supiera de millones de otros nigerianos que comienzan un negocio y a veces fracasan, pero siguen teniendo ambiciones?
Cada vez que regreso a casa debo confrontarme con las mismas causas de irritación para la mayoría de los nigerianos: nuestra infraestructura fallida, nuestro gobierno fallido. Pero también con la increíble maleabilidad de la gente que prospera a pesar del gobierno y no gracias a él. Cada verano dirijo talleres de escritura en Lagos y es impresionante para mí ver cuánta gente está ansiosa por escribir, por contar historias.
Mi editor nigeriano y yo acabamos de empezar una asociación sin fines lucrativos llamado Farafina. Tenemos grandes sueños de construir bibliotecas y abastecer las bibliotecas ya existentes, y proveer de libros a las escuelas estatales que no tienen nada en sus bibliotecas, y también organizar muchos, muchos talleres de lectura y escritura para todos los que están ansiosos por contar nuestras muchas historias. Las historias importan, muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden ser usadas para dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero las historias también pueden reparar esa dignidad rota.
La escritora estadounidense Alice Walker escribió sobre sus parientes sureños que se mudaron al norte. Les presenta un libro sobre la vida sureña que dejaron atrás; “Se sentaron por allí, ellos mismos leyendo el libro, escuchándome leer el libro, y recuperamos una clase de paraíso”. Me gustaría terminar con este pensamiento; que cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una historia única sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso.
Happiness in intelligent people is the rarest thing I know. Ernest Hemingway
Hemingway, author and journalist, Nobel laureate (1899-1961)
Hemingway, who took his own life in 1961, knew his share of both intelligent people and of unhappiness. He lived through two world wars, the Great Depression, four wives and an unknown number of failed romantic relationships, none of which would help him to develop happiness if he knew how.
As Hemingway's quote was based on his life experience, I will base the following speculation on both my personal and my professional experience as a sociologist. Not enough study exists to quote on this subject.
Western society is not set up to nurture intelligent children and adults, the way it dotes over athletes and sports figures, especially the outstanding ones. While we have the odd notable personality such as Albert Einstein, we also have many extremely intelligent people working in occupations that are considered among the lowliest, as may be attested by a review of the membership lists of Mensa (the club for the top two percent on intelligence scales).
Education systems in countries whose primary interest is in wealth accumulation encourage heroes in movies, war and sports, but not in intellectual development. Super intelligent people manage, but few reach the top of the business or social ladder.
Children develop along four streams: intellectual, physical, emotional (psychological) and social. In classrooms, the smartest kids tend to be left out of more activities by other children than they are included in. They are "odd," they are the geeks, they are social outsiders. In other words, they do not develop socially as well as they may develop intellectually or even physically where opportunities may exist for more progress.
Their emotional development, characterized by their ability to cope with risky or stressful situations, especially over long periods of time, also lags behind that of the average person.
Adults tend to believe that intelligent kids can deal with anything because they are intellectually superior. This inevitably includes situations where the intelligent kids have neither knowledge nor skills to support their experience. They go through the tough times alone. Adults don't understand that they need help and other kids don't want to associate with kids the social leaders say are outsiders.
As a result we have many highly intelligent people whose social development progresses much slower than that of most people and they have trouble coping with the stressors of life that present themselves to everyone. It should come as no surprise that the vast majority of prison inmates are socially and emotionally underdeveloped or maldeveloped and a larger than average percentage of them are more intelligent than the norm.
Western society provides the ideal incubator for social misfits and those with emotional coping problems. When it comes to happiness, people who are socially inept and who have trouble coping emotionally with the exigencies of life would not be among those you should expect to be happy.
This may be changing in the 21st century as the geeks gain recognition as people with great potential, especially as people who might make their fortune in the world of high technology. Geeks may be more socially accepted than in the past, but unless they receive more assistance with their social and emotional development, most are destined to be unhappy as they mature in the world of adults.
People with high intelligence, be they children or adults, still rank as social outsiders in most situations, including their skills to be good mates and parents.
Moreover, they tend to see more of the tragedy in the communites and countries they live in, and in the world, than the average person whose primary source of news and information is comedy shows on television. Tragedy is easier to find than compassion, even though compassion likely exists in greater proportion in most communities.
¿Cuáles son tus creencias?, ¿son de alguna religión?, ¿alguna secta?, ¿algun dogma filosófico?, ¿se basan en la ciencia?, ¿en la imaginación?, ¿en la "fe"?, ¿en la "realidad" establecida consensualmente?, ¿en una interpretación subjetiva de aquellos que idolatras? En cualquier caso, ¿hasta dónde tus creencias pueden proporcionarte Libertad?
Déjame decirte una cosa, no importa lo que creas, pues se trate de lo que se trate no dejará de ser una simple opinión. El ego, en su incapacidad por comprender el universo que lo rodea, necesita establecer su propio sistema de creencias, un sistema de creencias que siempre se cerrará en si mismo, sin importar del que se trate. Teorizar y sistematizar solo es un acto desesperado del ego por autoengañarse e intentar sentirse seguro, inteligente, y todo aquello de lo que éste carece y que piensa que es "bueno". Así pues, cada vez que el ego percibe algún tipo de información que replantea los principios de su sistema de creencias y que los pone en duda o en evidencia, no tiene más remedio que ponerse a la defensiva, y en casos extremos, para evitar que ésto suceda, intenta desesperadamente inculcar éste sistema de creencias a todos aquellos que lo rodean. Todo aquel que precise de un sistema de creencias para llevar a cabo su vida podrá darse cuenta de ésto, si abre su corazón y se mira con honestidad. Puede que pienses que tu respetas las creencias de todos los demás, aunque seguramente sea porque es algo que está bien visto y te ayuda a sentir que eres mejor persona o más inteligente, además, en el fondo seguramente sabes que solo estás reprimiendo tus emociones, pues realmente te molesta cada vez que sientes, sea por lo que sea, que tu sistema de creencias está en peligro.
Ésta necesidad de establecer una determinada creencia o teoria sobre la "verdad" o la "realidad", como todo aquello que proviene del ego, está basada en el miedo. Miedo a lo desconocido, como siempre, miedo a lo que no se comprende. Estableciendo un sistema de creencias estás estableciendo una estructura para la realidad de tu propio mundo interno, y de éste modo puedes sentir que tu mundo, bien estructurado, se encuentra asegurado, sin importar si éste mundo resulta placentero o irritante, porque ahora "ya lo conoces y lo entiendes" y en consecuencia "sabes cómo actuar". Casi siempre, en la mayoría de los casos, la "realidad" consiste en el sufrimiento, pues así es como está socialmente aceptado que es la "inteligencia" y el "amor", si no te lo crees solo tienes que hechar un vistazo a la típica frase "qué felices los tontos". No cabe duda, si eres "inteligente" la vida es un asco y un castigo, y si eres "amoroso" la vida es resignación al sufrimiento, ésto es lo que dicta el sistema de creencias establecido consensualmente (aunque ésto está cambiando continuamente). Sin embargo, hay casos más especiales.
Date cuenta, amigo/a mío/a, que estás viviendo en una secta, sin importar de qué se trate. Si ésto es lo que quieres entonces bien por ti, pero si no es lo que quieres creo que deberías empezar a replantearte las cosas, pero no para buscar un sistema de creencias diferente, sino para aprender a vivir sin la necesidad de un sistema de creencias específico. Aquí es donde entra en juego la Fe.
Hay gente que cuando siente que el sistema de creencias en el cual se encuentra no satisface sus necesidades emocionales, entonces busca desesperadamente un nuevo sistema de creencias con el que pueda conformarse. Si no lo encuentra, coge un poco de cada sistema, y se forma su propia teoría sobre la vida, una teoría que aunque pueda estar llena de inconsistencias, para él será perfectamente coherente.
Tal vez piensas, yo no soy así, yo acepto la "realidad", no me invento unas creencias, yo acepto la "muerte" y el modo en que funciona el mundo, yo "creo en lo que veo". Y yo te digo, ¡tú!, ¡tú también estas en una secta! ¿Por qué crees en lo que ves?, no es solo porque lo ves, hay algo mas, crees en lo que ves porque necesitas creer en algo, sí, aunque éste algo sea horrible, lo necesitas porque te sentirías perdido en medio de un mundo que no puedes comprender, y no sabrías cómo actuar al no conocer su funcionamiento. Sí, tu necesitas creer que el mundo es "como lo ves", tu necesitas "comprender" el mundo para poder vivir en él. Tal vez no te des cuenta, pero tu secta es la más absorvente de todas y tu mente es tan debil como las demás, o incluso más todavía, porque los demás, algunos, aun se atreven a ir en contra de "lo que ven". Cualquier cosa que tu veas como la realidad, no es más que una interpretación, un punto de vista, y el hecho de que te pueda parecer real se encuentra en tu imaginación, es tu creencia, tu convencimiento, lo que hace que tu realidad sea tan real, no te engañes, no se trata de ninguna otra cosa. Y con todo ésto que estoy diciendo pasa exactamente lo mismo, porque yo realmente se de lo que hablo y lo puedo sentir y experimentar más allá del "conocimiento", pero para tí, para tu intelecto, solo son palabras, dispuestas para tu interpretación.
Luego hay otra cosa relacionada con los sistemas de creencias que definimos como "pesimismo" y "optimismo", los pesimistas son los que han dado el último paso para terminar de cerrar por completo su sistema de creencias, y los optimistas son los que a pesar de todo, aun mantienen cierta esperanza de cambio, éstos últimos lo que hacen es introducir sutilmente argucias en su propio sistema de creencias, que les permiten inventarse nuevas "normas". En religión están los que esperan desesperadamente el apocalipsis y los que piensan que la especie humane entera se volverá "pura", si actúan de un determinado modo y consiguen "convencerlos" de su religión. En ciencia están los que piensan que el mundo es una carcel y la vida un castigo, y que la única solución es que el sol termine de apagarse o que caiga un enorme meteorito, y los que piensan que la tecnología acabará solucionándo cualquier cosa y descubriendo "la verdad". En lo social están los que piensan que el ser humano siempre será igual y que la única solución es que todo sufra un colapso y volvamos a la prehistoria, y los que piensan que el ser humano puede ir cada vez a mejor, realizando una serie de movimientos desde dentro del sistema político, económico, o lo que sea. Y así sucesivamente. Los pesimistas ya tienen claro el mundo en el que quieren vivir, y los optimistas tienen razón en una cosa, con sus argucias pueden cambiar el sistema externo de la realidad, pero se equivocan en otra, y es que en el fondo, el sistema seguirá mostrando las mismas dicotomías, aunque manifestadas en formas distintas.
Si has leído hasta aquí y nada de lo que te he dicho te ha causado la más mínima molestia (y con molestia me refiero a cualquier sensación no gratificante o a cualquier mínimo impulso de contestarme "te equivocas"), hay dos posibilidades: que no me hayas entendido bien, o que tu mente ya se encuentre Liberada (o dispuesta para ser Liberada) en éste aspecto. No te conformes con la segunda, mejor quédate con la primera opción a menos que puedas realmente sentir la segunda.
Veamos en qué consiste la Fe, la Verdadera Fe. ¡DEJA DE BUSCAR EXPLICACIONES! No necesitas entender el mundo que te rodea, no necesitas establecer sistemas de creencias. ¡Usa tu intuición y tu imaginación!, ¡deja de interpretar el mundo! Es imposible no tener un sistema de creencias, pero no es imposible dejarlo abierto y que se mezcle con tu imaginación. ¡REALMENTE TÚ ERES DIOS, ERES TODO EL PODER NECESARIO PARA JUGAR A TU ANTOJO CON LO QUE DENOMINAS "REALIDAD"! Deja de buscar el modo de satisfacer tus necesidades emocionales, deja de preocuparte de si las cosas saldrán o no saldrán como tu esperas, deja de intentar comprender lo incomprensible, deja de creer que la "realidad física" está eternamente condicionada, deja de pensar que lo que ves es lo que hay, deja de establecer sistemas que te digan como debes o no debes actuar. ¡Libera tu auténtico potencial!, ¡tu Mente es TODOPODEROSA!
Si te entusiasma y te divierte explorar los confines del universo y la existencia, ¡hazlo!, ¡pero no te cierres en absurdas teorías o serás incapaz de fascinarte con lo que puedas encontrar! Si te entusiasma y te divierte realizar acciones sociales o políticas, ¡hazlo!, ¡pero no te cierres en absurdas teorías o serás incapaz de fascinarte con lo que puedas observar y realizar! Si te entusiasma y te divierte tu religión o tu cultura, ¡asístela!, ¡pero no te cierres en absurdas teorías o serás incapaz de enriquecerte y maravillarte de las demás! Por último, puede que lo que te entusiasme y divierta sea algo que en tu sistema de creencias resulta imposible, entonces, ¡lo que debes hacer es cambiar ese sistema de creencias!
¡Cuando empieces a hacer todo ésto te darás cuenta de cuán maleable es en realidad la realidad!, ¡deja de buscar el modo de asegurar tu "intelecto"!, ¡deja de intentar "comprender" el mundo!, ¡deja de pensar que necesitas asegurarte de qué es o no es real para poder sobrevivir!
¡Deja de buscar explicaciones para la "muerte"!, o de preguntarte si hay algo o no después de ésta. En su lugar, empieza a replantearte el concepto mismo de muerte, y pregúntate si es algo que tenga sentido. ¡La muerte no es nada!, ¡deja de pensar en ella y céntrate mas en la VIDA!
¡ÉSTO ES LA FE, CONTROLAR TUS CREENCIAS Y QUE ÉSTAS NO TE CONTROLEN A TÍ! ¡LA FE CONSISTE EN SALTAR AL VACÍO, A DONDE CREES QUE NO HAY NADA, A SABIENDAS DE QUE CUANDO LLEGUES, UN NUEVO MUNDO APARECERÁ ANTE TUS OJOS!
Y cuando lo compruebes por ti mismo descubrirás cómo el miedo desaparece de tu mente, y entonces podrás experimentar el Amor en toda su Maravillosa Expresión, el cual yo defino como "una Aceptación Total y Completa Hacia la Vida y a Toda Posible Expresión". No habrá mas "malos", porque todo entonces será Perfecto y Maravilloso. Cuando ésto suceda, SABRÁS, recordarás, tu Verdadera conexión con el Espíritu Viviente, aquello que algunos llaman "Dios", el cual ES exactamente Tú Mismo, independientemente de si crees o no crees en Él, y sin importar cual sea tu definición sobre éste, pues no te hablo de un "dios" mental formado por ideas, te hablo de tu Naturaleza. En Verdad te digo que ERES ETERNO Y TODOPODEROSO, pero recuerda, ésto que lees son solo palabras dispuestas para tu interpretación subjetiva. Además, debes saber algo, incluso la Verdad de tu Naturaleza Espiritual es algo completamente subjetivo, aunque sea igual para todos, pues no hay nada en el "exterior". Tú eres Espíritu explorándose a sí mismo y a sus ilimitadas capacidades, todo sucede de cara hacia el interior. Tú solo tienes una limitación, y es que no puedes actuar a través de una expresión distinta a la que expresa tu entidad, es decir, no puedes controlar lo que otra persona va a proyectar en su realidad. Sin embargo, tú puedes mostrarle a ésta persona tus propias proyecciones para que las contemple si así lo decide. Ésto también implica necesariamente que nadie puede destruir las proyecciones de otro, a menos que logre sugestionarlo para que él mismo las destruya, y por supuesto, las proyecciones de los demás no pueden ni tocarte si tu no se lo permites. Por ejemplo, si otro proyecta una especie de amenaza con sus temores, ésta amenaza simplemente desaparecerá al entrar en tu campo siempre que tú irradies Amor. Del mismo modo, si otro proyecta Amor, éste se distorsionará al entrar en tu campo siempre que tú irradies temor, y serás incapaz de recibirlo.
Pero ten cuidado, ¡no creo que te convenga saltar al vacío!, si tu saltas al vacío entonces es bastante probable que caigas al vacío, básicamente porque "ahí es donde has saltado". Cuando dije antes "saltar al vacío" solo me refería a una expresión, que se trata de "ir a un nuevo mundo", "ir a una nueva realidad", una realidad que tu puedes intuir o imaginar pero una realidad que todavía nadie ha visto, se trata de "zambullirse en lo desconocido". Confía en tu Poder, no temas dejar atrás aquellas cosas que, aunque tu crees que son necesarias para "sobrevivir", no hacen mas que limitarte.
La palabra "Paz" es empleada tanto por los ingenuos como por aquellos que
confunden la ausencia de violencia con la paz y no comprenden que el trabajo para construirla no está sino a punto de comenzar, y por aquellos menos ingenuos que saben todo eso y no quieren que el
trabajo se inicie.
De ese modo, la palabra "Paz" logra convertirse en un eficaz obstáculo para lograr la paz.
El triángulo de la violencia es un concepto introducido por Johan Galtung para representar la relación existente entre los tres tipos de violencia que él define en su teoría: Violencia Directa, violencia estructural y violencia cultural.
La violencia, según Galtung, es como un iceberg, de modo que la parte visible es mucho más pequeña que la que no se ve. De acuerdo con el autor, existirían tres tipos de violencia:
La violencia directa, la cual es visible, se concreta con comportamientos y responde a actos de violencia.
La violencia estructural, (la peor de las tres), que se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades y se concreta, precisamente, en la negación de las necesidades.
La violencia cultural, la cual crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes. Educar en el conflicto supone actuar en los tres tipos de violencia.
A menudo, las causas de la violencia directa están relacionadas con situaciones de violencia estructural y/o justificadas por la violencia cultural: muchas situaciones son consecuencia de un abuso de poder que recae sobre un grupo oprimido, o de una situación de injusticia social (de un reparto de recursos insuficiente, de una gran desigualdad en la renta de las personas, dificultad de acceso a los servicios sociales y a la red sanitaria, etc.), y reciben el espaldarazo de discursos que justifican estas violencias.
Esta forma de la violencia hace referencia a aspectos de la cultura que la legitiman a través del arte, la religión, la ciencia, el derecho, etc.
De los tres tipos de violencia (directa, estructural y cultural) la directa es clara y visible, por lo que resulta relativamente sencillo detectarla y combatirla. En cambio, la violencia cultural y la violencia estructural, son menos visibles, pues en ellas intervienen más factores, detectar su origen, prevención y remedio es más complicado.
Hacia los años 90 surge, de la mano de Galtung, una nueva aproximación a la violencia al crearse el concepto de violencia cultural, que la define como una violencia, simbólica, que “se expresa desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia, leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo”. Así, por ejemplo, se puede aceptar la violencia en defensa de la fe o en defensa de la religión.
En el panorama sobre el tema de la violencia, la violencia estructural aportó una nueva visión, más dinámica, más procesual, más amplia, de la violencia de la que había hasta entonces. Pero aún quedaban incertidumbres por resolver: ¿por qué optaban las personas por el uso de la violencia aún cuando sus posibilidades de lograr una victoria que les beneficiase eran muy escasas, teniendo en cuenta que el poder siempre puede hacer uso de una violencia mayor, más planificada e incluso legalizada? ¿Por qué no se usan, habitualmente, fórmulas diferentes a la violencia? Las respuestas a estas preguntas vinieron del entorno cultural en el que todo ser humano se desarrolla y se educa. Estamos educados en una cultura de violencia, donde no se nos enseña, ni se nos permite demasiado, a ver alternativas a la violencia. Porque en las escuelas y los demás medios de transmisión y reproducción de la cultura nos han enseñado la historia como una sucesión de guerras; porque estamos acostumbrados a que los conflictos se reprimen por la incuestionable autoridad paterna, o por la autoridad del macho sobre la hembra, o por las leyes nacionales o internacionales; porque los medios de comunicación de masas nos venden como la única vía de solución de los conflictos internacionales el uso de los ejércitos, etc. Es decir, vivimos inmersos en una violencia constante, la cual se manifiesta a diario, en todos los ámbitos y a todos los niveles.
La violencia cultural se utiliza para lograr la aprobación de posturas fanáticas en lo religioso, en lo económico, en las relaciones de género, en las relaciones con la naturaleza, etc. Se basa en un amplísimo entramado de valores que asumimos continuamente desde pequeños y que luego se refuerzan con las normas legales de la sociedad para inculcarnos una cultura opresiva porque es acrítica y delegadora y porque nos prepara para la colaboración pasiva y/o activa con estructuras injustas e insolidarias. Por tanto, el problema es que luchar contra este tipo de violencia es muy complicado, puesto que nuestra sociedad cultural nos acerca a la idea profunda de la visión negativa de los conflictos, de nuestra visión simple, miedosa e impuesta de la paz, con lo que encontrar alternativas a la manera de vivir y de actuar queda reducido y poco.
Este concepto, no por ello este tipo de violencia, es relativamente nuevo. Por eso, con el paso del tiempo se han reconocido las grandísimas implicaciones que tiene la violencia cultural, incluso para resituarlo al lado, en igualdad de condiciones, con los otros tipos de violencia (directa y estructural).
Como ejemplos de violencia cultural encontramos: el de una religión que justifique la realización de guerras santas o de atentados terroristas, así como la legitimidad otorgada al Estado para ejercer la violencia. Otro ejemplo, son las ideas y los conceptos que sirven para justificar la violencia, la injusticia y la pobreza que se representa a través de las actitudes de "los ricos" que asumen la situación como normal y continúan haciendo su vida como si nada ocurriera.
Violencia directa
La violencia directa, física y/o verbal, es visible en forma de conductas, responde a actos de violencia y se concreta en comportamientos. Es la que realiza un emisor o actor intencionado (en concreto, una persona), y quien la sufre es un ser vivo dañado o herido física o mentalmente.
Entendiendo la violencia como la aplicación de métodos fuera de lo natural, nos referimos a un abuso de autoridad cuando alguien cree tener poder sobre otro, acto que sucede generalmente en las relaciones asimétricas. Si bien lo más visible de la violencia directa es la violencia física, manifestada a través de golpes que suelen dejar marcas en el cuerpo (hematomas y traumatismos), no por ello es la única que se practica, puesto que toda acción destructiva contra la naturaleza también debe de entenderse como violencia directa.
La acción humana no surge de la nada, tiene sus raíces; dos de ellas son indicativas para entender el punto en el que nos encontramos, donde la violencia forma parte de nuestra cotidianidad. La primera es la cultura de violencia (heroica, patriótica, patriarcal, etc.), y la segunda se refiere a la estructura violenta en sí misma, por ser demasiado represiva, explotadora o alienante, demasiado estricta o permisiva para la comodidad del pueblo.
La violencia directa tiene como principal característica diferenciadora que es una violencia visible en lo que se refiere a muchos de sus efectos; básicamente los efectos materiales. Sin embargo, también es cierto que algunos efectos aparecen más o menos invisibles (odios, traumas psicológicos, sufrimientos, relaciones internacionales injustas, adicción a una cultura violenta, concepciones culturales como la de «enemigo», etc.) y, aunque son igual de graves, no se suelen considerar tan importancia como los efectos materiales.
De violencia directa podemos diferenciar tres tipos, dependiendo contra quien atente:
Toda aquella acción agresiva o destructiva contra la naturaleza (daños contra la biodiversidad, contaminación de espacios naturales, etc.).
Contra las personas (violaciones, asesinatos, robos, violencia de género, violencia en la familia, violencia verbal y/o psicológica, etc.),
Contra la colectividad (daños materiales contra edificios, infraestructuras, guerras, etc.).
Aunque seria muy común pensar que la violencia directa es la peor de todas las violencias, puesto que es la más conocida, no es cierto ya que esta es visible, por tanto más fácil de identificar y de actuar contra ella. También, este tipo de violencia es la manifestación de algo, y no el origen. Es precisamente en los orígenes donde se deben buscar las causas y atacar para derrocarlas. La violencia directa no mata tantas personas como las otras dos (cultural y estructural).
Según Galtung, la violencia directa es un concepto muy relacionado con dos concepciones erróneas: la identificación de la violencia con la ausencia de paz (donde no hay paz, hay violencia) y con la concepción del conflicto humano, social o natural como algo totalmente negativo. Por tanto, como respuesta a estas ideas y manera de entender la violencia se han desarrollado una serie de mecanismos represivos y punitivos para regular legalmente las situaciones de violencia que se dan a diario, en la vida, en las relaciones sociales y/o internacionales. De este modo han surgido legislaciones, leyes, ejércitos, policía, cárceles, etc. para hacer cumplir la legalidad estrictamente.
Esto nos vuelve a acercar a la idea anteriormente comentada de que todo sistema asume como obvio, instaurado e inevitable la existencia cotidiana de los conflictos. Galtung en plantea que así no se avanza en la forma de encarar los conflictos, ya que la represión sigue transmitiendo sólo una visión negativa del conflicto.
Existen numerosos ejemplos de violencia directa, por ejemplo: un militar apaleando a una persona, el enfrentamiento entre un policía y un manifestante, una persona asesinada, un chico enfrentándose con piedras a un militar, una mujer violada.
Violencia estructural
La violencia estructural esta originada por todo un conjunto de estructuras, tanto físicas como organizativas, que no permiten la satisfacción de las necesidades. Esta es la peor de las tres violencias (cultural, directa y estructural), porque es el origen, es la que más mata y como es muy complicado distinguirla es difícil luchar contra ella. Si en un conflicto, sistemáticamente, una parte sale ganando a costa de la otra, esto no es un conflicto sino que es violencia estructural. Por tanto, nos encontramos ante un grave problema.
Para poder responder a cuestiones como, por ejemplo, que es lo que ha ocurrido para que estalle una guerra en un país que hasta entonces habíamos creído pacífico, a inicios de la década de los años 70’ del siglo XX, Galtung y otros desarrollaron el concepto de violencia estructural, concepto que avanza a una visión de violencia más dinámica y más invisible definiéndolo así: “aquello que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales”.
El término violencia estructural es aplicable en aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, por tanto, no hay la necesidad de violencia directa. El término violencia estructural remite a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos sociales (normalmente caracterizados en términos de género, etnia, clase nacionalidad, edad u otros) en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás, debido a los mecanismos de estratificación social.
La importancia y utilidad del término violencia estructural se encuentra en el reconocimiento de la existencia de conflicto en el uso de los recursos materiales y sociales y como tal, es útil para entender y relacionarlo con manifestaciones de violencia directa (cuando alguno de los grupos quiere cambiar o reforzar su posición en la situación conflictiva por la vía de la fuerza) o de violencia cultural (legitimizaciones de las otras dos formas de violencia, como, por ejemplo, el racismo, sexismo, clasismo o eurocentrismo).
La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, las acciones que provocan el hambre en el mundo, por ejemplo, no están diseñadas y realizadas directamente con ese fin, sino que son derivaciones indirectas de la política económica capitalista y del injusto reparto de la riqueza. Esto provocaría que las causas que producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia en algunos casos o en un análisis poco profundo y, por consiguiente que sea más difícil y complicado enfrentarse a este tipo de violencia. Por el contrario, la violencia directa, al ser la más visible de todas permite con mayor facilidad afrontarse a ella.
La V. Estructural se manifiesta cuando no hay un emisor o una persona concreta que haya efectuado el acto de violencia sino que es una estructura y se concreta en la negación de necesidades. También puede decirse que esta violencia es la suma total de todos los choques incrustados en las estructuras sociales y mundiales, cementados y solidificados, de tal forma que los resultados injustos y desiguales son casi inalterables.
La violencia estructural se subdivide en interna y externa:
La interna emana de la estructura de la personalidad de cada uno.
La externa proviene de la propia estructura social, ya sea entre seres humanos o sociedades. De acuerdo con Galtung, las dos principales formas de violencia estructural externa, a partir de la política y la economía, son: represión y explotación. Ambas actúan sobre el cuerpo y la mente, y aunque no sea consuelo para las víctimas, no necesariamente son intencionadas.
Por otro lado, también se han descrito dos tipos de violencia estructural, la vertical y la horizontal:
Vertical: “es la represión política, la explotación económica o la alienación cultural, que violan las necesidades de libertad, bienestar e identidad, respectivamente”.
Horizontal: “separa a la gente que quiere vivir junta, o junta a la gente que quiere vivir separada. Viola la necesidad de identidad”.
Se consideran casos de violencia estructural aquellos en los que el sistema causa hambre, miseria, enfermedad o incluso muerte, a la población. Son ejemplos los sistemas cuyos estados o países no aportan las necesidades básicas a su población. Está representada por las numerosas situaciones de injusticia que se observan: mientras unos/as comen y beben en abundancia, otros/as revuelven en la basura, no tienen qué comer, piden limosna, etc. Otros ejemplos claros de Violencia Estructural los encontramos en el Apartheid, en el hambre mundial, en la obligatoriedad del servicio militar, las dictaduras militares o en el sistema económico y jurídico internacional que empobrece continuamente a los países del Sur, en beneficio de los del Norte.
Conflictos vs violencia
Los conflictos son situaciones de disputa en los que hay contraposición de intereses, necesidades y valores. No debemos confundir conflicto con violencia puesto que hay conflictos que pueden resolverse sin el uso de la violencia, aunque no es posible que haya violencia sin conflicto (pero esto no quiere decir que el conflicto puede ser más o menos real para todo aquel que es objeto de la violencia). La violencia es un fenómeno social, que se aprende y por tanto también se debería poder desaprender. Por tanto, no se debe pretender eliminar los conflictos, puesto que estos son positivos en tanto que son oportunidades de transformación; se debe luchar a favor del no uso de la violencia para resolverlos.
Los conflictos, entendidos erróneamente como algo negativo, son connaturales a las relaciones humanas y positivos en tanto que implican un cambios. Bien gestionados, pueden ser una excelente herramienta pedagógica. Ahora bien, esto implica un trabajo, tanto de enseñar como de aprender a gestionar los conflictos. El problema con el conflicto empieza cuando las necesidades de dos o más personas/grupos son antagónicas, puesto que esto genera una crisis, difícil de resolver. Por eso, hay que poder abordar el conflicto antes de que llegue a la crisis.
Necesidad → Problema → Crisis
La violencia, puede ser entendida como el uso o amenaza de uso de la fuerza o de potencia, abierta u oculta, con la finalidad de obtener de uno o varios individuos algo que no consienten libremente de hacerles algún tipo de mal (físico, psíquico o moral).
Llega un momento en la vida en que finalmente se logra...Cuando, en medio de todos nuestros temores y locura, uno para en seco donde sea que se encuentre y desde algún lugar de nuestra cabeza, una voz interior exclama BASTA!!!
Basta de luchar y llorar o esforzarse para aferrarse. Y, como un chico que se apacigua despues de un berrinche insensato, el sollozo comienza a calmarse, una o dos veces nos atraviesa un estremecimiento, uno deja de lagrimear y empieza a mirar el mundo con una mirada nueva.
Es el despertar de UNO.
Nos damos cuenta de que es hora de dejar de esperar que algo cambie... o de tener la expectativa de que la felicidad, la tranquilidad y la seguridad aparezcan galopando por la silueta del proximo horizonte.
Uno llega a un acuerdo con el hecho de que no es ni el PRINCIPE ENCANTADO ni LA CENICIENTA y de que en el mundo real no siempre existen finales felices (o, para el caso, comienzos) y que cualquier garantía de "y vivieron felices para siempre" debe comenzar con uno... y en el proceso, a partir de la ACEPTACION, nace una sensacion de serenidad.
Uno despierta al hecho de que no es perfecto y que no todos siempre nos amarán, apreciarán o aprobarán quienes o como seamos....... y que eso está bien. Ellos tienen derecho a sus propios puntos de vista y opiniones.
Y uno aprende la importancia de amarse y protegerse..... y en el proceso, a partir de la AUTO-APROBACION, nace una sensación de haber encontrado una nueva confianza.
Uno deja de quejarse y de culpar a otros por lo que nos hicieron (o no hicieron) y se aprende que lo inesperado es lo único de lo que podemos depender realmente.
Se aprende que la gente no siempre expresa lo que quiere decir o quiere decir lo que expresa y que no todos van a estar ahí para uno y que no siempre se trata de uno.
Así que, uno aprende a pararse solo y a hacerse cargo de sí mismo... y en el proceso, a partir de la AUTO-CONFIANZA nace una sensación de tranquilidad y seguridad.
Uno deja de juzgar y de señalar con el dedo y comienza a aceptar a los demás tal como son y a pasar por alto sus defectos y debilidades... y en el proceso, a partir del PERDON, nace una sensación de paz y de satisfaccion.
Uno se da cuenta de que gran parte de como uno se ve a sí mismo y al mundo circundante, es producto de todos los mensajes y opiniones con que han impregnado nuestra psiquis.
Y uno empieza a revisar toda la basura con la que nos alimentamos acerca de cómo comportarse, qué apariencia tener, cuál es el peso ideal, qué ropa usar, cómo ganarse la vida, cuánto dinero ganar, qué auto manejar, cómo y dónde vivir, con quién casarse, la importancia de tener y criar hijos, y que les debemos a nuestros padres, parientes y amigos.
Uno aprende a abrirse a mundos nuevos y puntos de vista distintos. Y uno comienza a revalorizar y redefinir quién es y qué representa realmente.Uno aprende la diferencia entre QUERER y NECESITAR y empieza a descartar doctrinas y valores que nos quedan chicos, o a los que no tendríamos que haber adherido desde el vamos... y en el proceso uno aprende a dejarse llevar por el instinto.
Uno aprende que es verdaderamente DANDO como RECIBIMOS. Y que existe poder y gloria al crear y contribuir y dejamos de manejarnos por la vida como meros "consumidores" buscando nuestra próxima dosis.
Uno aprende que principios tales como: honestidad e integridad no son ideales anticuados pertenecientes a una era ya pasada sino la argamasa que sostiene los cimientos sobre los que debemos construir UNA VIDA.
Uno aprende que no sabe todo, que no es la tarea de uno salvar al mundo y que no se puede enseñar a cantar a un chancho.
Uno aprende a distinguir la culpa de la responsabilidad y la importancia de poner límites y aprender a decir NO.
Uno aprende que la única cruz a cargar es la que UNO ELIJA y que a los mártires se los quema en la hoguera.
Entonces uno aprende acerca del AMOR. Cómo AMAR, cuánto DAR en el amor, cuándo DEJAR DE DAR y cuándo ALEJARSE. Uno aprende a ver las relaciones como realmente son y no como nos gustaría que fueran.
Uno deja de intentar CONTROLAR a las personas, las situaciones y los resultados. Y uno aprende que estar SOLO no significa SENTIRSE SOLO.
Uno deja también de esforzarse por soslayar los sentimientos, de apaciguar las cosas y de ignorar las necesidades.
Uno aprende que esta bien sentirse con DERECHOS... y que es su derecho querer cosas y pedir lo que se quiere......y que a veces es necesario exigir.
Uno llega a darse cuenta de que merece ser tratado con AMOR, AMABILIDAD, SENSIBILIDAD Y RESPETO y que no se conformará con menos.
Y uno aprende que nuestro cuerpo es realmente nuestro TEMPLO. Y empezamos a cuidarlo y tratarlo con respeto. Uno empieza a ingerir una dieta balanceada, a tomar más agua y a dedicarle mas tiempo al ejercicio.
Uno aprende que el estar cansado abastece de dudas, temores e incertidumbres y entonces uno dedica mas tiempo al descanso.Y, así como el alimento abastece al cuerpo, la RISA abastece nuestra ALMA. Así que uno dedica más tiempo a reir y jugar.
Uno aprende que, en gran medida, en la vida se logra lo que uno cree que merece......y que gran parte de la vida es verdaderamente una profecía que se AUTO-CUMPLE.
Uno aprende que vale la pena esforzarse por aquello que valga la pena lograr y que desear que algo suceda es distinto que esforzarse para que suceda. Más importante, uno aprende que para lograr el éxito se necesita DIRECCION, DISCIPLINA Y PERSEVERANCIA.
Uno aprende tambien que nadie puede hacerlo SOLO......y que está bien arriesgarse a pedir AYUDA.
Uno aprende que a lo único que verdaderamente debemos temerle es al peor mafioso de todos: el MIEDO en uno mismo.
Uno aprende a enfrentar y atravesar los miedos porque sabe que, pase lo que pase, uno puede manejarlo y ceder al miedo equivale a regalar el derecho de VIVIR la VIDA según nuestras propias condiciones.
Y uno aprende a pelear por su vida y a no derrocharla VIVIENDO bajo la nube de un destino amenazante.
Uno aprende que la vida no siempre es justa, no siempre se consigue lo que uno considera que merece y que a veces pasan cosas malas a personas buenas, INOCENTES. En estas ocasiones uno aprende a no PERSONALIZAR las cosas.
Uno aprende que DIOS no nos esta castigando o desoyendo nuestras oraciones. Solo se trata de la VIDA ACONTECIENDO.
Y uno aprende a vérselas con el demonio en su estado más primitivo: EL EGO.
Uno aprende que sentimientos negativos como la IRA, la ENVIDIA y el RESENTIMIENTO deben comprenderse y redireccionarse o SOFOCARAN la vida que hay en NOSOTROS y envenenarán el mundo circundante.
Uno aprende a reconocer cuándo está equivocado y a construir puentes en lugar de paredes.
Uno aprende a ser agradecido y a disfrutar las numerosas COSAS SIMPLES que damos por DESCONTADAS, cosas con las que millones de personas en la tierra tan solo pueden soñar: una heladera LLENA, AGUA potable, una CAMA blanda y abrigada, una larga DUCHA caliente.
Lentamente, uno comienza a asumir RESPONSABILIDAD por y PARA SI MISMO y uno se promete no TRAICIONARSE nunca y no CONTENTARSE nunca más con lo que no satisfaga el deseo de nuestro CORAZON.
Y uno cuelga un carillón en la ventana para poder escuchar el VIENTO.
Y uno se propone seguir SONRIENDO, seguir CONFIANDO y mantenerse ABIERTO a toda POSIBILIDAD MARAVILLOSA.
Finalmente, con valentia en nuestro CORAZON Y DIOS a nuestro lado, nos DETENEMOS, hacemos una inspiracion profunda, y comenzamos a DISEÑAR LA VIDA QUE QUEREMOS............COMO MEJOR PODAMOS...
Un complejo de inferioridad, en el campo de psicología y psicoanálisis, es un sentimiento en el cual de un modo u otro una persona se siente de menor valor que los demás.
Normalmente es inconsciente y se piensa que lleva a los individuos afligidos a sobrecompensar, resultando o en exitosos logros o en comportamiento esquizotípico severo.
En contra de un sentimiento normal de inferioridad que puede actuar como motivación para lograr objetivos, un complejo es un estado avanzado de desánimo y evasión de las dificultades.
El complejo de superioridad es un mecanismo inconsciente, neurológico, en el cual tratan de compensarse los sentimientos de inferioridad de los individuos, resaltando aquellas cualidades en las que sobresalen. Es lógico pensar que cada individuo posea aspectos positivos y otros negativos. Posiblemente los aspectos negativos del ser son obviados por su psiquis para obcecarse sólo con los positivos. El término fue establecido por Alfred Adler (7 de febrero de 1870 – 28 de mayo de 1937).
La exhibición del complejo de superioridad, generalmente, se proyecta hacia los sentimientos de inferioridad con respecto a los demás. Las razones más comunes de estos complejos con sentirse "apartado" de los grupos sociales, por no presentar las mismas características que el resto de las personas. En el resto de las personas, al estar con una persona con este tipo de complejos, se puede llegar a pensar que son arrogantes o que quieren hacerse destacar por aspectos banales.
La conducta relacionada con este mecanismo puede incluir una opinión exageradamente positiva sobre el valor y las habilidades de uno mismo, expectativas muy altas y poco realistas (aunque con frecuencia las personas altamente dotadas poseen este complejo) con respecto a los logros de uno mismo y de los demás, vanidad, estilo extravagante en la forma de vestir (con la intención de llamar la atención), orgullo, sentimientalismo y facilidad de ser herido, una tendencia a rechazar las opiniones de los demas (a veces con fundamentos racionales), comportamiento snob, entre otras.
El alejamiento social y el "soñar despierto" puede ser también asociado al complejo de superioridad, ya que es una forma de evadir el temor al fracaso relacionado con los sentimientos de incapacidad de enfrentar el mundo real.
Los complejos de superioridad e inferioridad son a menudo presentados ambos en las mismas personas, y se manifiestan de maneras diferentes. Sin embargo, los dos complejos pueden existir el uno sin el otro.
Perspectiva de Alfred Adler
En sus teorías se definen y estudian los complejos de Inferioridad y Superioridad.
El primero considera la percepción de desarraigo que un individuo obtiene a causa de haber padecido una infancia mala, plena de burlas, sufrimientos, rechazos, etc. Respecto del Complejo de superioridad, Adler considera que es la consecuencia del proceso de transferencia que busca esconder la inferioridad percibida, con la pretensión de ser superior a los demás, en algún aspecto vital. Podríamos decir, en términos de Jung, que la percepción de Superioridad es la consecuente reacción a un sentimiento de inferioridad no expresado externamente, maximizando hacia el exterior aquellos aspectos en que (por transferencia de objetos, o por observación diferencial) consideramos destacar del comportamiento colectivo aparente. Es una maximalización subjetiva del hecho sincrónico que nos lleva a buscar aquello que los demás consideran insólito, en nosotros mismos. Pero básicamente se manifiesta como una afectación de la personalidad que conduce a la adopción de posturas prepotentes o arrogantes, en nuestro trato con los demás. Siempre en la interpretación de las teorías Adlerianas (Ver Complejo de Napoleón).
En realidad, el síndrome de Superioridad es una consecuencia de un previo Complejo de inferioridad mal resuelto. Quien no siente la "inferioridad", no precisa exhibir su "superioridad"; por otra parte, quien es claramente superior, es así percibido por los demás, sin requerir una manifestación mayor. Aunque un individuo puede exhibir comportamientos autoritarios y arrogantes, desarrollar actitudes de prepotencia, sin que constituya necesariamente un verdadero "Complejo de Superioridad" (empero una distorsión de la personalidad social del sujeto), por cuanto que no se produzca como consecuencia de una percepción previa de ser inferior en algo. Tal motivación debe quedar ciertamente esclarecida en el diagnóstico de las actitudes, a fin de evitar errores en la terapia asumida.
Inferioridad
Bueno, así que aquí estamos; siendo “empujados” a desarrollar una vida plena, a lograr una perfección absoluta; hacia a la auto-actualización. Y sin embargo, algunos de nosotros, los “fallidos”, terminamos terriblemente insatisfechos, malamente imperfectos y muy lejos de la auto-actualización. Y todo ello porque carecemos de interés social, o mejor, porque estamos muy interesados en nosotros mismos. ¿Y qué es lo que hace que estemos tan autocentrados?.
Adler responde que es una cuestión de estar sobresaturados por nuestra inferioridad. Si nos estamos manejando bien, si nos sentimos competentes, nos podemos permitir pensar en los demás. Pero si la vida nos está quitando lo mejor de nosotros, entonces nuestra atención se vuelve cada vez más focalizada hacia nosotros mismos.
Obviamente, cualquiera sufre de inferioridad de una forma u otra. Por ejemplo, Adler empieza su trabajo teórico hablando de la inferioridad de órgano, lo cual no es más que el hecho de que cada uno de nosotros tiene partes débiles y fuertes con respecto a la anatomía o la fisiología. Algunos de nosotros nacemos con soplos cardíacos, o desarrollamos problemas de corazón tempranamente en la vida. Otros tienen pulmones o riñones débiles, o problemas hepáticos en la infancia. Algunos otros padecemos de tartamudeo o ceceo. Otros presentan diabetes o asma o polio. Están también aquellos con ojos débiles, o con dificultades de audición o una pobre masa muscular. Algunos otros tienen la tendencia innata a ser fuertes y grandes; otros a ser delgaduchos. Algunos de nosotros somos retardados; otros somos deformes. Algunos son impresionantemente altos y otros terriblemente bajos, y así sucesivamente.
Adler señaló que muchas personas responden a estas inferioridades orgánicas con una compensación. De alguna manera se sobreponen a sus deficiencias: el órgano inferior puede fortalecerse e incluso volverse más fuerte que los otros; u otros órganos pueden superdesarrollarse para asumir la función del inferior; o la persona puede compensar psicológicamente el problema orgánico desarrollando ciertas destrezas o incluso ciertos tipos de personalidad. Existen, como todos ustedes saben, muchos ejemplos de personas que logran llegar a ser grandes figuras cuando incluso no soñaban que podían hacerlo. (Tomemos como ejemplo muy conocido el caso de Stephen Hopkins. N.T.).
No obstante, por desgracia, existen también personas que no pueden lidiar con sus dificultades, y viven vidas de displacer crónico. Me atrevería a adivinar que nuestra sociedad tan optimista y echada para adelante desestima seriamente a este grupo.
Pero Adler pronto se percató de que esto era solo una parte de la cuestión. Hay incluso más personas con inferioridades psicológicas. A algunos de nosotros nos han dicho que somos tontos, o feos o débiles. Algunos llegamos a creer que sencillamente no somos buenos. En el colegio, nos someten a exámenes una y otra vez y nos enseñan resultados que nos dicen que no somos tan buenos como el otro alumno. O somos degradados por nuestras espinillas o nuestra mala postura, sólo para hallarnos sin amigos o pareja. O nos fuerzan a pertenecer al equipo de baloncesto, donde esperamos a ver que equipo va a ser nuestro contrincante; ése que nos aplastará. En estos ejemplos, no es una cuestión de inferioridad orgánica la que está en juego (realmente ni somos deformes, ni somos retardados o débiles) pero nos inclinamos a creer que lo somos. Una vez más, algunos compensamos nuestra inferioridad siendo mejores en el particular. O nos hacemos mejores en otros aspectos, aún a pesar de mantener nuestra sensación de inferioridad. Y existen algunos que nunca desarrollarán para nada una autoestima mínima.
Si lo anterior todavía no ha removido tu personalidad, entonces nos encontramos con una forma bastante más general de inferioridad: La inferioridad natural de los niños. Todos los niños, por naturaleza, más pequeños, débiles y menos competentes intelectual y socialmente que los adultos que les rodean. Adler sugirió que si nos detenemos a observar sus juguetes, juegos y fantasías; todos tienen una cosa en común: el deseo de crecer, de ser mayores, de ser adultos. ¡Este tipo de compensación es verdaderamente idéntica al afán de perfección!. No obstante, muchos niños crecen con la sensación de que siempre habrá otros mejores que ellos.
Si nos sentimos abrumados por las fuerzas de la inferioridad, ya sean fijadas en nuestro cuerpo, o a través de la sensación de estar en minusvalía con respecto a otros o simplemente presentamos problemas en el crecimiento, desarrollaremos un complejo de inferioridad. Volviendo atrás en mi niñez, puedo identificar varias fuentes causales de futuros complejos de inferioridad: físicamente, siempre tendí a ser más bien grueso, con estadios de verdadero “niño gordo”. Además, dado que había nacido en Holanda, no crecí con las aptitudes para jugar baloncesto o baseball o fútbol americano en mis genes. Finalmente, el talento artístico de mis padres con frecuencia me dejó (no intencionadamente) con la sensación de que nunca sería tan bueno como ellos. Por tanto, a medida que fui creciendo, me fui tornando tímido y tristón, concentrándome en aquello en lo que yo sabía que era realmente bueno: la escuela. Me tomó bastante tiempo lograr una autovalía.
Si no hubieses sido un “súper lerdo”, quizás no hubieras tenido que desarrollar uno de los complejos de inferioridad más comunes: ¡la fobia a las matemáticas!. Quizás empezó porque nunca podía recordar cuánto eran 7 por 8. Cada vez había alguna cosa que no podía recordar. Cada año me sentía más alejado de las matemáticas, hasta que llegamos al punto crítico: el álgebra. ¿Cómo podía esperar saber lo que era “x” si ni siquiera sabía cuánto era 7 por 8?.
Bastantes personas realmente creen que no están hechos para las matemáticas, considerando que se debe a que les falta alguna parte del cerebro o algo así. Me gustaría transmitir en este momento que cualquiera puede hacer matemáticas, siempre y cuando hayan sido enseñados apropiadamente y cuando estén listos para hacerlo. Tomando en cuenta lo anterior, imaginemos cuántas personas han dejado de ser científicos, profesores, hombres de negocios o incluso simplemente ir al colegio, debido su complejo de inferioridad.
En este sentido, el complejo de inferioridad no es solamente un pequeño problema; es una neurosis, significando con esto que es un problema considerable. Uno se vuelve tímido y vergonzoso, inseguro, indeciso, cobarde, sumiso y demás. Empezamos a apoyarnos en las personas sólo para que nos conduzcan e incluso llegamos a manipularles para que aseguren nuestra vida: “soy bueno/listo/fuerte/guapo/sexy/; ¿no crees?”. Eventualmente, nos volvemos el sumidero de los demás y podemos vernos como copias de los otros. ¡Nadie puede mantener esta postura de minusvalía durante mucho tiempo!.
Aparte de la compensación y el complejo de inferioridad, otras personas responden a la inferioridad de otra manera: con un complejo de superioridad. Este complejo busca esconder tu inferioridad a través de pretender ser superior. Si creemos que somos débiles, una forma de sentirnos fuertes es haciendo que todos los demás se sientan aún más débiles. Esas personas a las que llamamos tontos, fanfarrones y esos dictadores de pacotilla son el mejor ejemplo de este complejo. Ejemplos más sutiles lo constituyen aquellos que buscan llamar la atención a través del dramatismo; o aquellos que se sienten más poderosos al realizar crímenes y aquellos otros que ridiculizan a los demás en virtud de su género, raza, orígenes étnicos, creencias religiosas, orientaciones sexuales, peso, estatura, etc. Algunos ejemplos aún más sutiles son aquellas personas que esconden sus sentimientos de minusvalía en las ilusiones obtenidas por el alcohol y las drogas.
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