La mayor parte del sufrimiento humano se deriva de las emociones destructivas como el odio, que alienta la violencia, o el deseo, que promueve la adicción. Una de nuestras principales responsabilidades en cuanto personas compasivas es la de reducir el coste humano del descontrol emocional, algo que, en mi opinión, atañe muy directamente a lo que el budismo y la ciencia tienen que decirnos.
El budismo y la ciencia no son visiones contrapuestas del mundo, sino enfoques diferentes que apuntan hacia el mismo fin, la búsqueda de la verdad. La esencia de la práctica budista consiste en la investigación de la realidad, mientras que la ciencia, por su parte, dispone de sus propios métodos para llevar a cabo esa investigación. Tal vez, los propósitos de la ciencia difieran de los del budismo, pero ambos ensanchan nuestro conocimiento y amplían nuestra comprensión.
El diálogo entre la ciencia y el budismo es una interacción bidireccional, puesto que los budistas podemos servirnos de los descubrimientos realizados por la ciencia para esclarecer nuestra comprensión del mundo en el que vivimos, mientras que la ciencia, por su parte, también puede aprovecharse de algunas de las comprensiones proporcionadas por el budismo. Como demuestran los diversos encuentros organizados hasta el momento por el Mind and Life Institute, son muchos los ámbitos en los que el budismo puede contribuir al conocimiento científico.
En lo que se refiere al funcionamiento de la mente, por ejemplo, el budismo es una ciencia interna multisecular que posee un interés práctico para los investigadores de las ciencias cognitivas y de las neurociencias que puede ofrecer valiosas contribuciones para el estudio y comprensión de las emociones. No olvidemos que los debates celebrados hasta el momento han inspirado nuevas líneas de investigación a algunos de los científicos que han participado en ellos.
Pero el budismo, por su parte, también tiene cosas que aprender de la ciencia. Con cierta frecuencia he dicho que, si la ciencia demuestra hechos que contradicen la visión budista, deberíamos modificar ésta en consecuencia. No olvidemos que el budismo debe adoptar siempre la visión que más se ajuste a los hechos y que, si la investigación demuestra razonablemente una determinada hipótesis, no deberíamos perder tiempo tratando de refutarla. Pero es necesario establecer una clara distinción entre lo que la ciencia ha demostrado de manera fehaciente que no existe (en cuyo caso deberemos aceptarlo como inexistente) y lo que la ciencia no puede llegar a demostrar. No olvidemos que la conciencia misma nos proporciona un claro ejemplo en este sentido ya que, aunque todos los seres –incluidos los humanos– llevemos siglos experimentado la conciencia, todavía ignoramos qué es, cómo funciona y cuál es su verdadera naturaleza.
La ciencia ha acabado convirtiéndose en uno de los factores fundamentales del desarrollo humano y planetario del mundo moderno, y las innovaciones realizadas por la ciencia y la técnica han dado origen a un considerable progreso material. Pero, al igual que ocurría con las religiones del pasado, la ciencia no posee todas las respuestas. Por ello, la búsqueda del progreso material a expensas de la satisfacción proporcionada por el desarrollo interno acaba desterrando los valores éticos de nuestra vida. Y ésta es una situación que, considerada a largo plazo, genera infelicidad porque no deja lugar a la justicia y la honestidad en el corazón del ser humano, algo que comienza afectando a los más débiles y genera una gran desigualdad y el consiguiente resentimiento que acaba afectando negativamente a todo el mundo.
El extraordinario impacto de la ciencia en nuestra sociedad otorga a la religión y a la espiritualidad un papel privilegiado para recordarnos nuestra humanidad. Y, en ese sentido, será necesario compensar el progreso material y científico con la responsabilidad que dimana del desarrollo interno. Por este motivo, creo que el diálogo entre la religión y la ciencia puede resultar muy beneficioso para toda la humanidad.
El budismo tiene muchas cosas importantes que decirnos acerca de los problemas provocados por las emociones destructivas. Uno de los objetivos fundamentales de la práctica budista es el de reducir el poder de las emociones destructivas en nuestra vida. Para ello cuenta con un amplio abanico de comprensiones teóricas y de recursos prácticos. Si la ciencia puede llegar a demostrar que algunos de estos métodos son beneficiosos, habrá sobrados motivos para buscar el modo de tornarlos accesibles a todo el mundo, estén interesados en el budismo o no.
Ese tipo de corroboración científica fue uno de los resultados de nuestro encuentro. Estoy muy satisfecho de poder afirmar que el diálogo de Mind and Life presentado en este libro fue mucho más que una conjunción de voluntades entre el budismo y la ciencia. Los científicos han ido un paso más allá y han elaborado programas a fin de demostrar la utilidad de varias técnicas budistas para que todo el mundo aborde de un modo más adecuado las emociones destructivas.
¿Cuáles son tus creencias?, ¿son de alguna religión?, ¿alguna secta?, ¿algun dogma filosófico?, ¿se basan en la ciencia?, ¿en la imaginación?, ¿en la "fe"?, ¿en la "realidad" establecida consensualmente?, ¿en una interpretación subjetiva de aquellos que idolatras? En cualquier caso, ¿hasta dónde tus creencias pueden proporcionarte Libertad?
Déjame decirte una cosa, no importa lo que creas, pues se trate de lo que se trate no dejará de ser una simple opinión. El ego, en su incapacidad por comprender el universo que lo rodea, necesita establecer su propio sistema de creencias, un sistema de creencias que siempre se cerrará en si mismo, sin importar del que se trate. Teorizar y sistematizar solo es un acto desesperado del ego por autoengañarse e intentar sentirse seguro, inteligente, y todo aquello de lo que éste carece y que piensa que es "bueno". Así pues, cada vez que el ego percibe algún tipo de información que replantea los principios de su sistema de creencias y que los pone en duda o en evidencia, no tiene más remedio que ponerse a la defensiva, y en casos extremos, para evitar que ésto suceda, intenta desesperadamente inculcar éste sistema de creencias a todos aquellos que lo rodean. Todo aquel que precise de un sistema de creencias para llevar a cabo su vida podrá darse cuenta de ésto, si abre su corazón y se mira con honestidad. Puede que pienses que tu respetas las creencias de todos los demás, aunque seguramente sea porque es algo que está bien visto y te ayuda a sentir que eres mejor persona o más inteligente, además, en el fondo seguramente sabes que solo estás reprimiendo tus emociones, pues realmente te molesta cada vez que sientes, sea por lo que sea, que tu sistema de creencias está en peligro.
Ésta necesidad de establecer una determinada creencia o teoria sobre la "verdad" o la "realidad", como todo aquello que proviene del ego, está basada en el miedo. Miedo a lo desconocido, como siempre, miedo a lo que no se comprende. Estableciendo un sistema de creencias estás estableciendo una estructura para la realidad de tu propio mundo interno, y de éste modo puedes sentir que tu mundo, bien estructurado, se encuentra asegurado, sin importar si éste mundo resulta placentero o irritante, porque ahora "ya lo conoces y lo entiendes" y en consecuencia "sabes cómo actuar". Casi siempre, en la mayoría de los casos, la "realidad" consiste en el sufrimiento, pues así es como está socialmente aceptado que es la "inteligencia" y el "amor", si no te lo crees solo tienes que hechar un vistazo a la típica frase "qué felices los tontos". No cabe duda, si eres "inteligente" la vida es un asco y un castigo, y si eres "amoroso" la vida es resignación al sufrimiento, ésto es lo que dicta el sistema de creencias establecido consensualmente (aunque ésto está cambiando continuamente). Sin embargo, hay casos más especiales.
Date cuenta, amigo/a mío/a, que estás viviendo en una secta, sin importar de qué se trate. Si ésto es lo que quieres entonces bien por ti, pero si no es lo que quieres creo que deberías empezar a replantearte las cosas, pero no para buscar un sistema de creencias diferente, sino para aprender a vivir sin la necesidad de un sistema de creencias específico. Aquí es donde entra en juego la Fe.
Hay gente que cuando siente que el sistema de creencias en el cual se encuentra no satisface sus necesidades emocionales, entonces busca desesperadamente un nuevo sistema de creencias con el que pueda conformarse. Si no lo encuentra, coge un poco de cada sistema, y se forma su propia teoría sobre la vida, una teoría que aunque pueda estar llena de inconsistencias, para él será perfectamente coherente.
Tal vez piensas, yo no soy así, yo acepto la "realidad", no me invento unas creencias, yo acepto la "muerte" y el modo en que funciona el mundo, yo "creo en lo que veo". Y yo te digo, ¡tú!, ¡tú también estas en una secta! ¿Por qué crees en lo que ves?, no es solo porque lo ves, hay algo mas, crees en lo que ves porque necesitas creer en algo, sí, aunque éste algo sea horrible, lo necesitas porque te sentirías perdido en medio de un mundo que no puedes comprender, y no sabrías cómo actuar al no conocer su funcionamiento. Sí, tu necesitas creer que el mundo es "como lo ves", tu necesitas "comprender" el mundo para poder vivir en él. Tal vez no te des cuenta, pero tu secta es la más absorvente de todas y tu mente es tan debil como las demás, o incluso más todavía, porque los demás, algunos, aun se atreven a ir en contra de "lo que ven". Cualquier cosa que tu veas como la realidad, no es más que una interpretación, un punto de vista, y el hecho de que te pueda parecer real se encuentra en tu imaginación, es tu creencia, tu convencimiento, lo que hace que tu realidad sea tan real, no te engañes, no se trata de ninguna otra cosa. Y con todo ésto que estoy diciendo pasa exactamente lo mismo, porque yo realmente se de lo que hablo y lo puedo sentir y experimentar más allá del "conocimiento", pero para tí, para tu intelecto, solo son palabras, dispuestas para tu interpretación.
Luego hay otra cosa relacionada con los sistemas de creencias que definimos como "pesimismo" y "optimismo", los pesimistas son los que han dado el último paso para terminar de cerrar por completo su sistema de creencias, y los optimistas son los que a pesar de todo, aun mantienen cierta esperanza de cambio, éstos últimos lo que hacen es introducir sutilmente argucias en su propio sistema de creencias, que les permiten inventarse nuevas "normas". En religión están los que esperan desesperadamente el apocalipsis y los que piensan que la especie humane entera se volverá "pura", si actúan de un determinado modo y consiguen "convencerlos" de su religión. En ciencia están los que piensan que el mundo es una carcel y la vida un castigo, y que la única solución es que el sol termine de apagarse o que caiga un enorme meteorito, y los que piensan que la tecnología acabará solucionándo cualquier cosa y descubriendo "la verdad". En lo social están los que piensan que el ser humano siempre será igual y que la única solución es que todo sufra un colapso y volvamos a la prehistoria, y los que piensan que el ser humano puede ir cada vez a mejor, realizando una serie de movimientos desde dentro del sistema político, económico, o lo que sea. Y así sucesivamente. Los pesimistas ya tienen claro el mundo en el que quieren vivir, y los optimistas tienen razón en una cosa, con sus argucias pueden cambiar el sistema externo de la realidad, pero se equivocan en otra, y es que en el fondo, el sistema seguirá mostrando las mismas dicotomías, aunque manifestadas en formas distintas.
Si has leído hasta aquí y nada de lo que te he dicho te ha causado la más mínima molestia (y con molestia me refiero a cualquier sensación no gratificante o a cualquier mínimo impulso de contestarme "te equivocas"), hay dos posibilidades: que no me hayas entendido bien, o que tu mente ya se encuentre Liberada (o dispuesta para ser Liberada) en éste aspecto. No te conformes con la segunda, mejor quédate con la primera opción a menos que puedas realmente sentir la segunda.
Veamos en qué consiste la Fe, la Verdadera Fe. ¡DEJA DE BUSCAR EXPLICACIONES! No necesitas entender el mundo que te rodea, no necesitas establecer sistemas de creencias. ¡Usa tu intuición y tu imaginación!, ¡deja de interpretar el mundo! Es imposible no tener un sistema de creencias, pero no es imposible dejarlo abierto y que se mezcle con tu imaginación. ¡REALMENTE TÚ ERES DIOS, ERES TODO EL PODER NECESARIO PARA JUGAR A TU ANTOJO CON LO QUE DENOMINAS "REALIDAD"! Deja de buscar el modo de satisfacer tus necesidades emocionales, deja de preocuparte de si las cosas saldrán o no saldrán como tu esperas, deja de intentar comprender lo incomprensible, deja de creer que la "realidad física" está eternamente condicionada, deja de pensar que lo que ves es lo que hay, deja de establecer sistemas que te digan como debes o no debes actuar. ¡Libera tu auténtico potencial!, ¡tu Mente es TODOPODEROSA!
Si te entusiasma y te divierte explorar los confines del universo y la existencia, ¡hazlo!, ¡pero no te cierres en absurdas teorías o serás incapaz de fascinarte con lo que puedas encontrar! Si te entusiasma y te divierte realizar acciones sociales o políticas, ¡hazlo!, ¡pero no te cierres en absurdas teorías o serás incapaz de fascinarte con lo que puedas observar y realizar! Si te entusiasma y te divierte tu religión o tu cultura, ¡asístela!, ¡pero no te cierres en absurdas teorías o serás incapaz de enriquecerte y maravillarte de las demás! Por último, puede que lo que te entusiasme y divierta sea algo que en tu sistema de creencias resulta imposible, entonces, ¡lo que debes hacer es cambiar ese sistema de creencias!
¡Cuando empieces a hacer todo ésto te darás cuenta de cuán maleable es en realidad la realidad!, ¡deja de buscar el modo de asegurar tu "intelecto"!, ¡deja de intentar "comprender" el mundo!, ¡deja de pensar que necesitas asegurarte de qué es o no es real para poder sobrevivir!
¡Deja de buscar explicaciones para la "muerte"!, o de preguntarte si hay algo o no después de ésta. En su lugar, empieza a replantearte el concepto mismo de muerte, y pregúntate si es algo que tenga sentido. ¡La muerte no es nada!, ¡deja de pensar en ella y céntrate mas en la VIDA!
¡ÉSTO ES LA FE, CONTROLAR TUS CREENCIAS Y QUE ÉSTAS NO TE CONTROLEN A TÍ! ¡LA FE CONSISTE EN SALTAR AL VACÍO, A DONDE CREES QUE NO HAY NADA, A SABIENDAS DE QUE CUANDO LLEGUES, UN NUEVO MUNDO APARECERÁ ANTE TUS OJOS!
Y cuando lo compruebes por ti mismo descubrirás cómo el miedo desaparece de tu mente, y entonces podrás experimentar el Amor en toda su Maravillosa Expresión, el cual yo defino como "una Aceptación Total y Completa Hacia la Vida y a Toda Posible Expresión". No habrá mas "malos", porque todo entonces será Perfecto y Maravilloso. Cuando ésto suceda, SABRÁS, recordarás, tu Verdadera conexión con el Espíritu Viviente, aquello que algunos llaman "Dios", el cual ES exactamente Tú Mismo, independientemente de si crees o no crees en Él, y sin importar cual sea tu definición sobre éste, pues no te hablo de un "dios" mental formado por ideas, te hablo de tu Naturaleza. En Verdad te digo que ERES ETERNO Y TODOPODEROSO, pero recuerda, ésto que lees son solo palabras dispuestas para tu interpretación subjetiva. Además, debes saber algo, incluso la Verdad de tu Naturaleza Espiritual es algo completamente subjetivo, aunque sea igual para todos, pues no hay nada en el "exterior". Tú eres Espíritu explorándose a sí mismo y a sus ilimitadas capacidades, todo sucede de cara hacia el interior. Tú solo tienes una limitación, y es que no puedes actuar a través de una expresión distinta a la que expresa tu entidad, es decir, no puedes controlar lo que otra persona va a proyectar en su realidad. Sin embargo, tú puedes mostrarle a ésta persona tus propias proyecciones para que las contemple si así lo decide. Ésto también implica necesariamente que nadie puede destruir las proyecciones de otro, a menos que logre sugestionarlo para que él mismo las destruya, y por supuesto, las proyecciones de los demás no pueden ni tocarte si tu no se lo permites. Por ejemplo, si otro proyecta una especie de amenaza con sus temores, ésta amenaza simplemente desaparecerá al entrar en tu campo siempre que tú irradies Amor. Del mismo modo, si otro proyecta Amor, éste se distorsionará al entrar en tu campo siempre que tú irradies temor, y serás incapaz de recibirlo.
Pero ten cuidado, ¡no creo que te convenga saltar al vacío!, si tu saltas al vacío entonces es bastante probable que caigas al vacío, básicamente porque "ahí es donde has saltado". Cuando dije antes "saltar al vacío" solo me refería a una expresión, que se trata de "ir a un nuevo mundo", "ir a una nueva realidad", una realidad que tu puedes intuir o imaginar pero una realidad que todavía nadie ha visto, se trata de "zambullirse en lo desconocido". Confía en tu Poder, no temas dejar atrás aquellas cosas que, aunque tu crees que son necesarias para "sobrevivir", no hacen mas que limitarte.
El pensamiento de Morin, basado en la idea de las tres teorías, en la cual, argumenta que todavía estamos en un nivel prehistórico con respecto al espíritu humano y solo la Complejidad puede civilizar el conocimiento.
En ella se puede adentrar en el desarrollo de la naturaleza humana multidimensional, la lógica generativa, dialéctica y arborescente, del cual cuando el universo es una mezcla de caos y orden; a partir del concepto y práctica de la Auto-eco-organización, el sujeto y el objeto son partes inseparables de la relación autorganizador-ecosistema.
Además introduce en la ciencia, conceptos que estaban en pausa para aplicarlos a su pensamiento (aleatoriedad, información en el ambiente y sujeto con su creatividad) y ver los fenómenos integrados en el énfasis de las emergencias e interacciones y no en las sustancias.
Pese a la similitud semántica no se puede considerar que sus ideas entronquen con la matemática de la complejidad.
El pensamiento de Morin conduce a un modo de construcción que aborda el conocimiento como un proceso que es a la vez, biológico, cerebral, espiritual, lógico, lingüístico, cultural, social e histórico, mientras que la epistemología tradicional asume el conocimiento sólo desde el punto de vista cognitivo. Este nuevo planteamiento tiene enormes consecuencias en el planteamiento de las ciencias, la educación, la cultura, la sociedad.
En la teoría del Pensamiento Complejo, ideada por Morin, se dice que la realidad se comprende y se explica simultáneamente desde todas las perspectivas posibles. Se entiende que un fenómeno específico puede ser analizado por medio de las más diversas áreas del conocimiento, mediante el "Entendimiento transdisciplinar", evitando la habitual reducción del problema a una cuestión exclusiva de la ciencia que se profesa.
La realidad o los fenómenos se deben estudiar de forma compleja, ya que dividiéndolos en pequeñas partes para facilitar su estudio, se limita el campo de acción del conocimiento. Tanto la realidad como el pensamiento y el conocimiento son complejos y debido a esto, es preciso usar la complejidad para entender el mundo.
Así pues, según el Pensamiento Complejo, el estudio de un fenómeno se puede hacer desde la dependencia de dos perspectivas: holística y reduccionista. La primera, se refiere a un estudio desde el todo o todomúltiple; y la segunda, a un estudio desde las partes.
Nacieron en la última parte del siglo 20. Viven en una transición provocada por muchas revoluciones: la mediática, la cibernética, la sexual y la político-social. Las crisis han sido y son parte de su realidad cotidiana.
Los anticonceptivos y la revolución sexual les permiten tener relaciones sexuales sin casarse. Posponen la edad de la boda y la llegada de los hijos (que son menos). Los homosexuales, las lesbianas, los bisexuales, los transexuales salen a la luz, exigen respeto y, por fin, se integran al panorama social. Hablan de todo, sin tapujos.
La juventud, la delgadez, el dinero y el consumismo son los nuevos dioses de su olimpo. Las arrugas, las canas, el cansancio, un cuerpo normal, no usar accesorios o ropa de marca son pecados imperdonables que los condenan al ostracismo social.
Importa discutir y defender los valores, no ponerlos en práctica. La doble moral (aceptada tácitamente) construye un sólido edificio sobre tales cimientos.
El catolicismo pasa de ser refugio espiritual a distinción clasista. Dime con qué grupo estás y te diré por qué escala crees que llegarás al cielo. Los sacerdotes se vuelven mortales y la parafernalia eclesiástica, junto con la jerarquía, se ven obsoletas y rancias.
El capital cambia de inversión a especulación. El mundo dice que se globaliza (sólo una parte se puede dar ese lujo) y se agrava la polarización entre el primer y el tercer mundos.
México sigue empantanado, a pesar de la alternancia iniciada por un presidente con muchísimos altibajos. Los insaciables partidos se enriquecen y se adueñan del País. La impunidad sigue imperando en nuestras vidas. Para qué denunciar, si no sucede nada.
El empleo deja de ser de planta y con prestaciones. Sus contratos son temporales aunque duren 10 años, pero no acumulan antigüedad ni prestaciones. Trabajan jornadas dobles sin pagos extras bajo la espada de Damocles: 'Hay cientos esperando tu puesto'. La ley los protege, pero se hace de la vista gorda cuando las empresas se salen con la suya.
La mayoría quiere primero tener y luego ver si puede ser. Al casarse desean empezar con todo. Un solo sueldo no alcanza. La pareja debe trabajar. Hay que integrar las tareas domésticas y la intensa vida social. Si llegan los hijos, a buscar guarderías. Corren todo el día. Uno para un lado, la otra, para el otro. Se reencuentran en la noche, siempre cansados.
El estrés, la presión alta, los infartos y la depresión son familiares cercanos. Consumen Prozac como antes consumíamos 'salvavidas'.
Carro del año, vacaciones al sitio de moda, colegios caros (no necesariamente buenos), la acción en un club difícil de pagar, la casa en la colonia debida y el conservadurismo a flor de piel. Qué flojera Chiapas: son todos pobres e indígenas.
Hable usted con ellos y compruébelo: están exhaustos. Si pudieran, dormirían una semana completa. Les falta sueño y les sobra cansancio de tanto correr tratando de morder su propia cola. Es la generación joven agotada.
Antes de morirse, deberían detener su tiovivo y bajarse a respirar, a ver las montañas, a dar gracias por estar vivos y a comerse un helado sin hacer nada. La vida también es eso.
Autor: Rosaura Barahona
ALGUNOS COMENTARIOS RECIBIDOS
A veces escribo sobre cuestiones que me inquietan aunque los medios no se ocupen de ellas. A menudo la respuesta es inesperada, como sucedió con 'Generación agotada'. Muchos lectores, salvo uno, sintieron que hablaba de ellos y dijeron cosas muy interesantes. Comparto fragmentos de algunos textos. Espero no haber eliminado nada esencial.
T. Almanza: 'Para nosotros, los que apenas entramos en los 30, la vida parece cada vez más complicada: una carrera sin fin y sin destino. Parece que estamos obligados a ser una generación inculta. No sabemos hablar más que de marcas, gadgets, coches y posiciones económicas. Somos un tapón de sidra, resultado de no saber sopesar las cosas importantes de la vida. Creo que es obligación nuestra revertir un poco esta situación'.
E. Acha dice: 'Muchos nos queremos bajar de este tiovivo, pero no vemos por dónde aventarnos sin salir muy lastimados. En fechas recientes he visto casos (cinco este verano) de amistades que cambiaron su lugar de residencia en búsqueda de un mejor trabajo, o de uno que les permita estar más cerca de la familia...'.
K. Cepeda: 'Pertenezco a la generación agotada. Desde que nací estoy viendo crisis. He reflexionado mucho sobre cosas como las frivolidades y el consumismo que nos arrastran. Con las prisas, la rutina y la influencia de tantas cosas, olvidamos lo más importante, lo que de verdad vale: estar sano, vivo, tener familia, amigos y poder disfrutarlos, compartir el tiempo con ellos'.
Daniel Marcelo: '¡Deberíamos empezar a hacer un movimiento de ' Slow Down' aquí, realmente hace falta! ¡Tenemos que darnos tiempo para disfrutar más de la vida! El problema es que en esta ciudad hay pocos espacios para eso. Todo está rodeado de cemento gris, no es una ciudad para salir a caminar, no hay respeto al peatón, todo está lleno de smog, cada vez más tráfico, la gente maneja muy mal, hay mucho ruido'.
E. Villarreal añade: 'El artículo nos describe y nos desnuda como sociedad. Cuando yo estudié medicina en los años 80 todos queríamos salvar vidas, ser cardiólogos, cirujanos, oncólogos. El idealismo juvenil. Hoy, la tercera parte de mis alumnos quieren ser cirujanos plásticos para agrandar los senos a mujeres que requieren que les agranden el cerebro y la autoestima'.
Lucinda : 'Somos la generación arrogante que se cree superior a Dios. Nosotros despreciamos los domingos. Es otro día más de la semana: todo está abierto, se trabaja, se compra, se vende, se estudia... Olvidamos que hasta Él descansó'.
H. M.: 'Leí su editorial y me dolió verme reflejado como si fuese una crónica de cualquiera de mis días. Mi único refugio ha sido hasta ahora mi esposa y mi pequeña hija de 8 años, lo más valioso que tengo. La vida se me escurre aprisa y no es fácil ganarse la vida trabajando honestamente. Para eso se necesitan muchas horas de trabajo y menos de estar con la familia. Hace poco tuve vacaciones. Decidí hacer absolutamente nada. ¿Resultado? Nos divertimos mucho. Fue terapéutico. Estoy recuperando poco a poco esas pequeñas manifestaciones de vida. Estoy quitándome la pus de encima'.
Cecilia: 'Vengo de regreso de intercambio. Anduve por Argentina y, claro, hay mucho más mundo que en Monterrey. Aquí la vida es puro estrés y competencia, cosa buena y mala a la vez. Es curioso cómo muchos de nosotros competimos por ser mejores que los demás, sin siquiera analizar si realmente es lo que deseamos'.
Marcela: 'En lo personal decidí salirme de ese juego de locos e irme con mi esposo e hija al norte, a Montreal, donde estoy tratando de empezar una nueva vida, sin grandes lujos, pero sin grandes presiones. El sábado nos sacaron de Wal- Mart a las 5:30 p.m. porque ya iban a cerrar. Les dije que en Monterrey abrían 24 horas y me vieron como si estuviera loca (ahora que duermo plácidamente desde las 10:00 p.m., creo que sí lo estaba). Prefiero empezar desde abajo en un país que valora el esfuerzo, a seguir con mi hermosa oficina en las grandes corporaciones donde vales por cómo te vistes o el auto que tienes, pero no tienes la libertad de vivir si te sales del esquema diseñado para ti o la tranquilidad de disfrutar lo poco que tienes al alcance'.
¿Qué es finalmente el ser humano? Cuando tomo conciencia de la grotezca cantidad de gente sumida en la total pobreza, acosada por la hambruna y la desesperación, cuando me percato de desastre ambiental que estamos produciendo producto de la voracidad consumista por acción de la miseria (del espíritu), cuando reflexionamos sobre tantos conflictos bélicos acontecidos en el pasado, tantas víctimas, tanto horror, no se, dubitativo me pregunto: ¿cómo es posible tanta calamidad?
¿Somos los seres humanos una especie defectuosa? Para no desesperarnos es preciso mantener la lucidez. A duras penas, incluso escandalizando a la razón analítica, urge admitir que el ser humano, supercomplejo, comparece como sapiens sapiens y simultáneamente demens demens. Es decir, somos descendientes de un sapiens arcaico, en el cual irrumpió por primera vez la inteligencia refleja, hace 200 mil años, y del sapiens sapiens, ya hablante, societario y trabajador, hace 40 mil años. Portadores de afecto, cuidado, inteligencia, creatividad, arte, poesía y éxtasis, ocupamos todo el planeta, comenzamos a expandirnos por el sistema solar y por medio de una nave espacial hemos salido ya de él y entrado rumbo al infinito.
La cultura clásica y la revolución industrial ha exaltado hasta las estrellas la sapiencia humana mediante la elevación de la razón a la escala de lo sublime. Mientras tanto la historia deshace continuamente esta imagen magnificadora. Revela a cada momento su lado de demencia, de crueldad, de masacres, de exterminaciones y atrocidades. Se ha revelado como el ser más demente de la Tierra. Sólo en el siglo XX han sido masacradas en guerras cerca de 200 millones de personas. La violencia humana excede la de cualquier otra especie. Pero, su demencia no es ocasional. Configura un desorden original. El homo sapiens es también homo demens, asevera con insistencia Edgar Morin, uno de los que mejor nos hace aceptar la contradicción humana. Pero nos cuesta mucho aceptar que somos la unidad de los contrarios, llenos de enternecimiento y simultáneamente inflados de arrogancia.
¿Cómo entender en él la unidad de esas contradicciones que provocan un choque existencial y una sensación de total absurdo a la que arribamos cuando tomamos conciencia del contexto en que vivimos? Todo en el universo y toda la vida están hechos de desorden y de orden, de caos y de cosmos, de maldad y bondad. En realidad venimos de un inconmensurable desorden inicial, una explosión fantástica cuyo eco todavía puede ser identificado hoy después de 15.000 millones de años a través de la radiación cósmica de fondo. La evolución se hace a través del esfuerzo de crear orden en el desorden y a partir del desorden. El proceso evolutivo ha mostrado que el caos originario no se revela caótico sino altamente generativo y complejo. Origina más y más patrones de organización. La complejidad, que es la forma del caos domesticado y transfigurado en factor de dinamismo constructor de nuevos órdenes, es capaz de hacer del desorden (del desecho), fuente de vida y diversidad.
El hecho innegable es que la presencia del caos en nosotros nos puede hacer seres agresivos y dementes o, por el contrario, creativos y sublimes. Ello depende del contexto y depende de cada uno. La entropía del dejarse llevar por las circunstancias epocales o la acción energética glorificada por la voluntad conciente. La vida resulta de la auto-organización de la materia y la sociedad humana expresa su más alto grado de complejidad. Cada célula, por más epidérmica que sea, es portadora de todas las informaciones que construyen la vida, cuya estructura básica es común a todos los seres vivos. El noventa y nueve por ciento de los genes del chimpancé son comunes a la especie homo sapiens demens. Pero ese 1% marca toda la diferencia. Somos seres cooperativos, cargados de afecto y de voluntad de comunión. Aquí reside la humanitas del ser humano. Aún no hemos nacido totalmente, estamos camino de nuestra verdadera diferencia, de nuestra verdadera identidad.
En la medida en que compartimos todo lo que somos y nos brindamos al otro y a lo otro, inauguramos el reino de lo humano y dejamos emerger lo realmente sapiens sapiens. Evolución y voluntad le imponen límites a la demencia humana y abren el espacio de la sapiencia, urdida de cuidado, amorización, solidaridad, compasión y, también, racionalidad.
Quien conoce la historia de la vida saca de ella esta bienaventurada lección: después de cada gran catástrofe siempre sobrevino un florecer. Se trata de las transiciones evolutivas. Así como la vida floreció y nunca volvió hacia atrás, nosotros, como colectivo humano, podemos florecer a una nueva convivencialidad, como decía Ivan Illich, con un mayor sentido de inclusión de todos y para todos, con una mayor veneración por la naturaleza, que nos acoge, con una mayor apertura a la diversidad de lo humano y con más apertura a la fuente conciente del todo, siendo.
El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (en inglés Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde), a veces titulado simplemente El doctor Jekyll y el señor Hyde, es una novela escrita por Robert Louis Stevenson y publicada por primera vez en inglés en 1886, que trata acerca de un abogado, Gabriel John Utterson, que investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el Dr. Henry Jekyll, y el misántropo Edward Hyde.
El libro es conocido por ser una representación vívida de la psicopatología correspondiente a un desdoblamiento de personalidad. Fue un éxito inmediato y uno de los más vendidos de Stevenson. Las adaptaciones teatrales comenzaron en Boston y Londres un año después de su publicación y aún hoy continúa inspirando películas e interpretaciones interesantes.
La idea de que se podría definir homo sapiens, es decir, la de un ser razonable y sabio, es una idea poco razonable y poco sabia. Homo también es demens: manifiesta una afectividad extrema, convulsiva, con pasiones, cóleras, gritos, cambios bruscos de humor; lleva en sí mismo una fuente permanente de delirio; cree en la bondad de los sacrificios sangrientos; confiere cuerpo, existencia, poder a mitos y dioses de su imaginación. Hay en el ser humano un foco permanente de urbis, el exceso de los griegos.
La locura humana es fuente de odio, crueldad, barbarie, ofuscación. Pero sin los desórdenes de la afectividad y los excesos de la imaginación, sin la locura de lo imposible no habría impulso, creación, invención, amor, poesía.
El hombre, es, pues, un animal que no sólo carece de la suficiente razón sino que también está dotado de la sinrazón.
No obstante, necesitamos controlar al homo demens para ejercer un pensamiento racional, argumentado, crítico, complejo. Necesitamos inhibir en nosotros lo que de demens tiene de asesino, malvado, imbécil. Necesitamos la sabiduría, la cual requiere de nosotros prudencia, templanza, mesura, desprendimiento.
Amor, poesía, sabiduría, Edgar Morin.
En su Curso de literatura europea, Nabokov analiza la increíble y maravillosa narración de El doctor Jekyll y Mr. Hyde y apunta dos ideas que amplían las lecturas de la novela. Por un lado, cuando el doctor Jekyll bebe la pócima, más que una metamorfosis total, supone una concentración del mal preexistente en el doctor Jekyll. Jekyll no es el bien en estado puro, como tampoco Hyde es el mal absoluto: Jekyll potencia con su fórmula mágica la maldad que ya existe en él. Por lo tanto, esa desesperación de Jeckyll con las maldades diabólicas de Hyde no le son totalmente ajenas: Hyde no opera un cambio en su sadismo creando una nueva persona -y una conciencia que nace de la nada-, sino que, de alguna forma, multiplica por mil los deseos perversos ya existentes en el doctor Jekyll.
Y, por el otro, dice Nabokov, Jekyll no es una criatura inocente, ajena al comportamiento de Hyde. Durante el tiempo que Hyde, por decirlo de alguna forma, “gobierna” su cuerpo, Jekyll es consciente de todo lo que hace Hyde, es decir: está presente durante las horas que dura la transformación, de tal forma que hay una zona en la que ambos, Jekyll y Hyde, comparten su conciencia.
Henry Jekyll a veces se quedaba congelado con las acciones de Edward Hyde, pero la situación estaba tan fuera de toda norma, de toda ley ordinaria que debilitaba insidiosamente su conciencia. Hyde y sólo Hyde, después de todo, era culpable. Y Jekyll, cuando volvía en sí, no era peor que antes: se encontraba con todas sus buenas cualidades inalteradas; incluso procuraba, si era posible, remediar el mal causado por Hyde. Y así su conciencia podía dormir.
¿Disfrutabas en secreto, doctor? ¿Acaso te sentías como se sienten los conductores que, tras un aparatoso accidente en la carretera, aminoran la marcha para comprobar la magnitud de la desgracia? Pobre Jekyll, que presenciaba aterrado las acciones de Hyde… ¡Tú mismo lo confesastes!
Entonces sentí que tenía que escoger entre mis dos naturalezas. Estas tenían en común la memoria pero compartían en distinta medida el resto de las facultades. Jekyll, de naturaleza compuesta, participaba a veces con las más vivas aprensiones y a veces con ávido deseo en los placeres y aventuras de Hyde…
Querido Jekyll, puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Un dogma es, según el Diccionario de la Real Academia Española, una proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia.
Sin embargo, en un sentido más común, es interpretado como una doctrina sostenida por una religión u otra organización de autoridad – como pudiera ser una filosofía o una ideología – y que no admite réplica; es decir, es una creencia individual o colectiva no sujeta a prueba de veracidad, cuyo contenido puede ser religioso, filosófico, social, sexual, etc., impulsado por una utilidad práctica. La enseñanza de un dogma o de doctrinas, principios o creencias de carácter dogmático se conoce como adoctrinamiento.
Excluyo exprofeso la corriente filosófica del dogmatismo pues daría para escribir media docena de docenas de libros.
Disquisiciones filosóficas, religiosas, ideológicas o metafísicas aparte, el dogmatismo es en sí (mirado desde un punto psicológico) puede resultar ser una cosa nada buena para el individuo. Aunque esto no quita que lo que es cierto siga siéndolo.
Se puede definir a la persona dogmática como aquella que intenta convertir lo subjetivo – y con subjetivo me refiero a opiniones, hábitos de conducta, formas de comunicarse, las diferentes formas de sexualidad, y tantas otras cosas – en objetivo.
Dicho así no suena mal incluso usted, que lee estas líneas, pudiera sentirse identificado. Pero la persona que es dogmática, piensa que las cosas deberían de ser – en lugar de como son – como a él le gustaría que fuesen. No admiten réplica, crítica, negación, o duda razonable respecto de sus planteamientos por erróneos que estos pudieran ser. Es por ello que en un intento de refugiarse del mundo cruel dogmatizan (elevan a la categoría de Verdad Absoluta) las opiniones de alguien al que consideran una autoridad, por loco que ese alguien pudiera estar, o por aberrantes que fueran sus ideas.
Dado este factor, presentan una intolerancia severa a la incertidumbre. Cosa esta que les lleva a seguir una serie de protocolos de actuación (como apalear negros o perseguir homosexuales), conformados en base a esas “verdades” consideradas “universales” e irrefutables.
De estas verdades, que son dogmas, hay que decir que no han sido probadas, demostradas o refutadas, prefiriendo el dogmático rocambolescas teorías que en modo alguno se pueden constatar con datos objetivos (aunque sí con datos subjetivos manipulados a su interés, claro) de forma y manera que el dogmático nunca tendrá que reconocer equivocación alguna.
Robert Jay Lifton, psiquiatra y miembro del Medical School , afirma – a raíz de sus estudios sobre los procesos de gran violencia desatados en el siglo XX, tales como el Holocausto o los bombardeos de Hirosima y Nagasaki – de este tipo de personas inflexibles que “el yo del individuo acaba sumergido en la ideología”.
El señor Lifton, ha podido comprobar en sus investigaciones que las personas dogmáticas tienden a ser personas con una baja autoestima y una más que escasa tolerancia a la frustración. Esto les lleva a intentar espantar a los fantasmas de sus sueños incumplidos en una frenética huída hacia adelante, dejando que una doctrina empape todo pensamiento y acto en el futurible de su vida. Es decir, sus amistades, planteamientos, relaciones, música a escuchar, libros a leer, o incluso su forma de vestir acabarán siendo dictados por tal doctrina.
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