01/16/2014

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Síndrome de la deficiencia de la recompensa En 1990 se publicó un artículo sugiriendo que una anomalía genética presente en algunas personas era responsable por el alcoholismo. Desafortunadamente al mismo tiempo, fue manifestado erróneamente, que, con ese hallazgo, se había localizado el “gen del alcoholismo,” sugiriendo, por primera vez, que existe una relación entre un gen y un comportamiento es­pecífico. Tales interpretaciones son ahora comunes. Por ejemplo algunos lectores de mis columnas pueden recordar historias de la “existencia” de un “gen de la obesidad,” o de un “gen de la personalidad”, o de la homosexualidad o, aun de un gen de Dios. Para nuestros fines, resultaría superfluo repetir, que no existe un gen específico para el alcoho­lismo, la obesidad o un tipo particular de personalidad. Sin embargo, sería igualmente simplista afirmar lo contrario: que todos aspectos del comportamiento humano no están asociados a nuestros programas genéticos. La posición ac­tual es tratar de entender cómo ciertos genes y rasgos específicos de la conducta están conectados. (Recomendamos: Serendipia revisitada, El Determinismo Cósmico, Función Gonadal y los Efectos Extraños de las Endorfinas. Todos artículos míos disponibles en monografías.com). En el curso de investigaciones recientes se ha establecido que la anomalía genética encontrada previamente asociada al alcoholismo también se encuentra relacionada con otros desórdenes adictivos, obligatorios o compulsivos. Resultando en una lista que es tan larga como vasta, y que abarca entre los mismos el alcoholismo, el abuso de las drogas, el tabaquismo, el comer en exceso con la obesidad consecuente, el desorden deficitario de la atención, el síndrome de Tourette y la ludopatía. Creemos que estos desórdenes están relacionados por medio de un substrato biológico común, un sistema integrado o “hard-wired” en el cerebro que proporciona placer como recompensa durante ciertas conductas. Pensemos de cómo la gente responde positivamente a la seguridad, al afecto recibido, o a un estómago satisfecho. Pero si, por el contrario, se confrontan ciertos peligros, o si necesidades básicas no se han satisfecho --- los resultantes son sentimientos de inquietud, angustia o ansiedad. Se ha postulado que estas respuestas, en sus mecanismos, son mediadas por organizaciones cerebrales que pueden aliviar las emociones negativas a través de sus acciones. Este desequilibrio químico, cuando existe, se manifiesta como unos o más de los desórdenes del comportamiento para los cuales se ha acuñado el término “el síndrome de la deficiencia de la recompensa”. Este síndrome entraña una forma de privación sensorial de los mecanismos del placer del cerebro. Puede ser expresado en formas relativamente moderadas o severas; que siguen como consecuencia de la inhabilidad bioquímica de un individuo de obtener la recompensa de actividades ordinarias. La biología de la recompensa El sistema del placer y de la recompensa en el cerebro humano fue descubierto por serendipia en 1954. El neuropsicólogo norteamericano James Olds estudiaba la estimulación de ciertas áreas en el cerebro de ratas, cuando colocó accidentalmente electrodos en una parte del sistema límbico, específicamente en un grupo de estructuras situadas profundamente en el cerebro que están involucradas con el procesamiento de ciertas reacciones emocionales. Los resultados fueron asombrosos,...
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Analfabetismo funcional y analfabetismo disfuncional Analfabetismo Funcional Se denomina analfabetismo funcional a la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida. Se diferencia del analfabetismo en sentido estricto en que éste supone la incapacidad absoluta de leer o escribir frases sencillas en cualquier idioma. Una persona analfabeta no sabe leer ni escribir. Un analfabeto funcional, en cambio, lo puede hacer hasta un cierto punto (leer y escribir textos en su lenguaje nativo), con un grado variable de corrección y estilo. Un adulto que sea analfabeto funcional no sabrá resolver de una manera adecuada tareas necesarias en la vida cotidiana como por ejemplo rellenar una solicitud para un puesto de trabajo, entender un contrato, seguir unas instrucciones escritas, leer un artículo en un diario, interpretar las señales de tráfico, consultar un diccionario o entender un folleto con los horarios del autobús. El analfabetismo funcional también limita seriamente la interacción de la persona con las tecnologías de la información y la comunicación, puesto que tiene dificultades para usar un ordenador personal, trabajar con un procesador de texto o con una hoja de cálculo y utilizar un navegador web o un teléfono móvil de manera eficiente. Aquellos con analfabetismo funcional pueden ser sujeto de intimidación social, riesgos de salud, estrés, bajos salarios, y otras dificultades relacionadas con su inhabilidad. La correlación entre el crimen y el analfabetismo funcional es un hecho bien conocido por criminalistas y sociólogos alrededor del mundo. En el año 2000, se estimó que el 60% de los adultos en prisiones estatales y federales en los Estados Unidos sufrían de esta condición, y que el 85% de los criminales menores tenían problemas asociados con la lectura, escritura, y matemáticas básicas. Definición: Wikipedia El analfabetismo es un problema para cualquier país en desarrollo. El no saber leer ni escribir puede colocar en situación de minusvalía a las personas que no han aprendido estas habilidades básicas, a ellos se dedica gran cantidad de programas que busca insertarlos, de alguna manera, en el terreno de los alfabetizados. Este es un problema que detectamos, analizamos e incluso buscamos solucionar, pero mientras la cantidad de analfabetas disminuye, la cantidad de analfabetas funcionales aumenta considerablemente. Los analfabetas funcionales no están en un determinado estrato social, no han carecido de educación ni están excluidos de las universidades. Analfabeta funcional puede ser cualquier persona que, a pesar de saber leer y escribir, presenta dificultades a la hora de comprender textos escritos. Sí, ese muchacho que acaba de ingresar a la universidad, esa joven secretaria que no ha terminado el bachillerato porque le da flojera y el ingeniero mecánico que no lee porque le da sueño, son analfabetas funcionales. Algunas estadísticas indican que la mayoría de la población sólo puede comprender el 31% de los textos que lee, por lo tanto tiene dificultades para aprehender y relacionar lo leído con sus conocimientos previos. Lo mismo sucede a la hora de responder preguntas y emitir opinión acerca de lo que...

David Huerta

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