08/14/2012

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Los Humanos no somos hormigas Una guía para el optimista informado Pero somos una comunidad: Compartimos un origen común, y junto a nuestro planeta Tierra compartimos también un futuro común como especie. Un futuro, si miramos atrás, que depende de nosotros. Si miramos atrás, no cabe duda que hemos protagonizado un extraordinario progreso que no sólo ha mejorado sustancialmente nuestra esperanza de vida, sino que de manera general vivimos en mejores condiciones y disfrutamos de mayores oportunidades, tanto a nivel de acceso a educación, a derechos humanos, a satisfacción de necesidades básicas o a libertades humanas. Asimismo, hemos sido capaces de crear una sociedad cada vez más conectada y solidaria, con la capacidad de generar y difundir conocimiento a escala global y utilizarlo para resolver los principales retos sociales a los que nos enfrentamos. Aunque no para todos. Ni siquiera suficientes. Una gran parte de la humanidad vive de espaldas al progreso y no tiene acceso a unos mínimos de desarrollo que les permitirían llevar una vida digna. Viven amenazados por enfermedades que podrían haber sido erradicadas, privados de agua y alimentos, excluidos de la oportunidad de educarse, de participar en la vida económica o en el debate público del lugar en el que habitan. Por otro lado, la concentración de poder e influencia en unos pocos (personas, países, empresas) resulta cada vez más alarmante e injustificable. La Tierra también se queja del esfuerzo; no alcanza a reponer lo que consumimos, a limpiar lo que ensuciamos, a crear lo que destruimos para mantener nuestra manera de habitarla. Estamos viviendo en los límites de la ética universal y la sostenibilidad del planeta. Para muchos, ya los hemos rebasado y ahora ya no hay vuelta atrás. Algunos piensan que, estamos ya condenados; somos un proyecto fracasado. Nosotros no lo vemos así. Creemos que nuestra capacidad innovadora, creativa y solidaria ha ido resolviendo y superando los retos que se nos han ido presentando. Además, estamos inmersos en una nueva revolución tecnológica que nos permite organizarnos como ciudadanos del mundo, que nos dota de la capacidad de proponer fines más ambiciosos y conseguirlos sin poner tanta presión sobre otros seres humanos o el planeta. Podemos alcanzar una vida sostenible, equitativa, nuevos modelos que generen mayores oportunidades para todos. Y no estamos solos. Hemos localizado cientos de iniciativas que ya funcionan en todos los ámbitos para producir y consumir, ahorrar e invertir, transportarse, crear e innovar, revalorizar nuestro tiempo libre o movilizarnos por las causas que nos interesan de manera integradora, sostenible y solidaria, con valores y sistemas alternativos y complementarios a los actuales. Nuestros protagonistas son en muchos casos personas anónimas, en otros, personalidades conocidas, pero también hay instituciones públicas de todos los niveles, empresas y organismos sociales que orientan su actividad a una nueva dirección, sintonizando con las personas y en armonía con la naturaleza. Podrías ser tú. En las próximas páginas te invitamos primero a celebrar lo bueno que como especie hemos conseguido; después a señalar aquello que ya no es funcional, necesario o justificable; y por...
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Los límites del crecimiento Sin ser una historia tan emocionante como las de la hacker bisexual neopunk Lisbeth Salander, en marzo se cumplieron 40 años desde la publicación de uno de los libros más importantes del siglo XX. “The Limits to Growth” cambió, a principios de los 70, la visión con entendíamos la relación entre los humanos y los recursos… La cosa empezó cuando el Club de Roma encargó en el verano de 1970 un informe sobre los posibles desequilibrios ecológicos del planeta a un grupo internacional de investigadores dirigido por el matrimonio Meadows (Dennis y Donella) y Jorgen Randers. El Club de Roma es una especie de think tank fundado por tecnócratas independientes en 1968 (aunque ahora ya hay de todo), y cuya motivación es el estudio de las problemáticas globales. En 1970 el Club emprendió una serie de estudios en el marco del llamado “Project on the Predicament of the Mankind“, en un entorno muy influido por esa nueva conciencia ecológica mundial que surgía de los 60. Pues, en pocas palabras, “The Limits to Growth” preveía un colapso del sistema económico mundial durante el principio del siglo XX. Vendió más de 12 millones de ejemplares, en más de 37 idiomas. El libro relacionaba los resultados de un modelo matemático informático (el World-3) alimentado con los datos del equipo de Meadows, planteando siete escenarios armados a partir de cinco variables: población, alimentos, industrialización, polución y recursos no renovables. Estas variables estaban relacionadas en el World-3 a partir de 77 ecuaciones diferentes. Los resultados mostraban un colapso global a partir del año 2000, en algún momento a inicios del siglo XXI. Unos años antes, en 1968, Garreth Hardin escribía en la revista ‘Science‘ su famoso “The Tragedy of Commons” donde relataba como un grupo de personas acababa destruyendo (la “tragedy“) un recurso compartido (el “common“) porque todos anteponían sus intereses personales al del conjunto (o sea, el dilema del prisionero relatado once again). Ese mismo 1968 (menudo añito…), Paul Ehrlich escribía “The Population Bomb” donde predecía un colapso debido a la sobrepoblación mundial… antes de 1980. O sea, todo listo para el retorno de Malthus por la puerta grande: en 1880 ya había previsto que el crecimiento exponencial de la población no podría satisfacerse con el lineal de los recursos. Y los Meadows parecían darle la razón… ¿Pero cuáles fueron exactamente las conclusiones de “The Limits to Growth“? Lo cierto es que se trataban muchos elementos. Desde la dificultad que entraña para nuestro cerebro y cultura (lineales) resolver los problemas exponenciales, a la retroalimentación y no linealidad entre crecimiento e industria, o el rol de la tecnología en esta situación (que sería insuficiente), pasando por los requerimientos que debía tener una economía equilibrada. Todas sus conclusiones se podrían concentrar en tres: - Los limites del crecimiento del planeta se traspasarían en algún momento de los próximos 100 años (o sea antes de 2070). El resultado sería un declive súbito de la población y de la capacidad industrial. - Sería posible modificar estas tendencias y...

David Huerta

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